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«¡No sé dónde vamos a llegar, cada día viene más gente a pedirnos comida!»
PONTEVEDRA
Actividad frenética en el banco de alimentos de Pontevedra, donde se buscan voluntarios para mover los víveres que se llevan las asociaciones benéficas, desbordadas en este septiembre de inflación descomunal
11 sep 2023 . Actualizado a las 20:48 h.Al fondo de la empinada cuesta de la calle Faustino Santalices de Pontevedra, tras un portalón casi siempre abierto, un ejército de voluntarios funciona cada mañana con disciplina total. Llevan el ritmo de una fábrica. Pero lo suyo no es producir para facturar. Lo que hacen es recepcionar miles de kilos de alimentos, colocarlos, pesarlos y prepararlos para que puedan venir a recogerlos cerca de 50 asociaciones benéficas que les aportan víveres a las familias que lo necesitan. Al frente del operativo está José Luis Doval, un jubilado que cura con caramelos el catarro porque ni quiere ni puede perderse un día en la oficina. Saluda rápido y exclama: «¡No sé dónde vamos a llegar!. Esto asusta, cada día más gente pide comida». Insiste en que en el banco no dan comida directamente, sino que la entregan a los colectivos benéficos, pero aún así a la puerta les llega cada día personas en apuros económicos que pide alimentos básicos: «Tratamos de que la atiendan en Cáritas o en el sitio que corresponda», dice.
Con la inflación haciendo de látigo a las familias más vulnerables, la necesidad de alimentos básicos se ha incrementado. Doval lee un listado escrito por él mismo con las cantidades de productos que están siendo capaces de dar al mes. Los últimos datos apuntan a que, por ejemplo, están repartiendo 13.940 de leche cada 30 días o 786 de conservas de pescados. Así como 3.220 de fruta. Doval llega al renglón donde se habla del aceite que entregan cada mes, baja la vista, y señala: «Damos 1.288 litros y se necesitarían bastantes más. Pero es que el aceite se ha puesto por las nubes y cada vez tenemos menos. Y es muy necesario porque, claro, hace falta para cocinar», indica con cara de impotencia. Dice también que aunque septiembre es un mes muy difícil, por todos los gastos escolares que conlleva, también es una época donde muchas familias tienen un suspiro por el inicio de los comedores: «Les aportamos básicos para el desayuno, leche, cacao y galletas y luego ya tiran del colegio para darle a los críos».
Por suerte, y al contrario que otros años a estas alturas, la despensa del banco de alimentos de Pontevedra resiste bastante bien. Lo hace gracias a muchas empresas que colaboran, a la fundamental aportación de la Administración y a cada kilo que cualquier ciudadano anónimo les lleva a la puerta. Tal y como explican en la entidad, les están dando mucha vida las mermas de los supermercados. ¿De qué se trata? Distintas cadenas alimenticias, así como empresas ligadas a la pesca o cárnicas, les llevan productos perecederos que sí o sí hay que consumir de forma inmediata. Así, cuentan con cientos de kilos de pan, frutas, verduras, carne o pescado.
Los frescos son fundamentales para las familias, ya que suelen ser los productos más caros. Pero repartirlos implica un zafarrancho descomunal, porque hay que actuar a contrarreloj. Ayer a media mañana se podía comprobar cómo se despacha en el banco un cargamento sorpresa de pescado de unos 300 kilos.
«Tenemos pescado, venid»
Todo suele empezar con una llamada a primera hora desde la lonja de Marín a los voluntarios del banco. «Nos dicen ‘tenemos pescado para vosotros’, venid... y nosotros allá vamos rápido a por él», cuenta Pepe, voluntario desde los inicios del banco en Pontevedra. Recogen el género, vuelven al almacén y comienzan a hacer llamadas a velocidad de la luz. «Es que hay que repartirlo cuanto antes, porque aunque está recién pescado no puedes dejarlo aquí, sin nevera, hasta el día siguiente», explican. Llaman a las entidades benéficas a las que nutren, que son de toda la zona norte de la provincia —atienden a las cuatro esquinas de Pontevedra salvo a la zona viguesa—. Y, en cuestión de minutos, comienzan a llegar furgonetas para llevarse el pescado y, nuevamente, repartirlo rápidamente entre las familias que lo necesitan.
Este viernes, sobre las once, diez minutos después de que les avisasen, llegaban al banco de alimentos dos voluntarios de la iglesia evangélica Hermosa, ubicada en el centro de Pontevedra. Uno de ellos, José Manuel, señalaba mientras subía cajas de pescado y sacos de pan a la furgoneta: «Se nos dispararon las familias que necesitan que les demos alimentos, tenemos como un 50 % más que antes. Nos llevamos este pescado y si no lo logramos repartir todo hoy, porque a veces no logras localizar a todo el mundo al momento, lo congelamos en bolsas y lo damos después». Pepe, del banco de alimentos, le escuchaba y asentía: «No es un pescado que sirva mucho para congelar, pero antes de perderlo se hace y se aprovecha igualmente». Tras ellos, llegaban de otra entidad. Y de otra. A algunas les hacen el servicio a domicilio porque no tienen capacidad para desplazarse, como algún comedor social. Necesitan voluntarios. Para cargar, para descargar, llevar o traer. Y, a veces, simplemente para dar ánimo.