El túnel de la vergüenza

Resultan inaceptables los meses de demora para arreglar el paso de O Folgoso en la A-52, metiendo a 10.000 vehículos diarios por una antigua carretera nacional


El prolongado cierre de los dos carriles en sentido Ourense del túnel de O Folgoso de la A-52, en A Cañiza, es una vergüenza. Resulta más lacerante en estas fechas festivas en las que el tránsito de vehículos aumenta notablemente. Pese a que la movilidad entre comunidades autónomas está prohibida -aunque resulta evidente que se ha transgredido-, solo con el turismo interior que sí podemos realizar los residentes en Galicia, se ha podido comprobar la distorsión que causa su cierre.

Todo el tráfico que a diario circula por esa autovía en dirección Ourense y la Meseta y que no puede cruzar ese túnel de 2.500 metros, se ve obligado a desviarse por la antigua carretera nacional y subir el alto de Fontefría, como ocurría antes de 1998. Se les condena a hacer 23 kilómetros a mayores, por un trazado con muchas curvas, mal firme que se deteriora más por la presión sobrevenida de 10.000 vehículos diarios. Una cifra que aumentó desde vísperas del puente de San José y al menos hasta pasado mañana. Y, para colmo, con la Guardia Civil de Tráfico al acecho pues la carretera con un solo carril, a una media de 60 kilómetros hora y señalización restrictiva por la travesía de A Cañiza, tiene unos cuantos radares de los que salen cada día un importante paquete de multas a automovilistas y camioneros. Tantas que un conglomerado de instituciones y asociaciones encabezadas por la Confederación Provincial de Empresarios y las Cámaras de Comercio consideran que no es de recibo que el Estado utilice esta situación tan lamentable para aumentar la recaudación por la vía sancionadora. Hasta llegar a sospechar que el infumable retraso en reabrir el túnel de O Folgoso, tenga alguna relación con la jugosa recaudación por multas que se está cosechando.

Impropio de un país moderno

Es inexplicable, por más pretextos que ponga el Ministerio de Transportes, que un túnel de una autovía estratégica en las comunicaciones del sur de Galicia con la Meseta, permanezca cerrado desde el 25 de enero, es decir casi dos meses y medio, y la previsión es que siga fuera de uso hasta finales de mayo o principios de junio.

Es inentendible, por más excusas técnicas que emplee el Ministerio que dirige José Luis Ábalos, que en pleno siglo XXI la reparación de las instalaciones afectadas por el incendio de un camión, lleve tanto tiempo y acumule semejante demora.

Es inasumible semejante retraso en solventar la reparación de una infraestructura que es primordial para los intereses de importantes sectores económicos de la provincia: automoción, pescado y mariscos frescos, alimentación, textil y suministros en general que enviamos desde Vigo, Porriño, Pontevedra, Marín… Los portes se encarecen por el aumento del gasto de carburante y de tiempo de viaje al que obliga el cierre del túnel y el forzoso desvío por Fontefría.

En Madrid no pasaría

La situación es económicamente muy lesiva. También afecta a nuestros intereses sociales, turísticos y vecinales de Galicia. Nos retrotrae tres décadas atrás cuando los gallegos nos sentíamos condenados a ser periferia profunda por la carencia de unas infraestructuras mínimamente dignas.

A ver: ¿alguien en su sano juicio se cree que el túnel de Guadarrama, el de Viella o el de Despeñaperros, por citar algunos tan estratégicos como el de O Folgoso para Galicia, iban a estar cerrados tres, cuatro o cinco meses sin que no hubiera un revuelo brutal en el Parlamento y en los medios de comunicación estatales?

En este punto, como gallegos nos tiene que doler el poco o nulo ascendente que se deduce de la presencia de al menos dos ministras y vicepresidentas en el Gobierno de la Nación que son de la tierra. Y una de ellas, Yolanda Díaz, además, diputada por la provincia de Pontevedra. No me puedo creer que no se haya enterado. Máxime cuando su compañero de partido, Antón Gómez-Reino ya registró una pregunta parlamentaria en febrero.

En cuanto a los diputados pontevedreses del PSOE, de perfil. Terreno abonado para que Ana Pastor y demás parlamentarios del PP, asaeteen al Gobierno a preguntas mientras Bea Pino ha pedido la colaboración de los eurodiputados de Ciudadanos para que la UE ponga el foco en este asunto.

Pero la mayor ganancia en río revuelto es para la Xunta de Galicia. La Consellería de Infraestructuras organizó una reciente «inspección» a las obras en el túnel que ha cabreado muchísimo al ministro Ábalos porque el departamento de Ethel Vázquez se cuestiona que siquiera se esté trabajando en arreglarlo. La sospecha de la Xunta motivó el último comunicado del Ministerio en el que afirma que «trabaja sin descanso» en reabrir el túnel.

Tercermundista

Más allá de semejante declaración de voluntades, sonroja que el Ministerio apele a que son precisos unos sofisticados sistemas de seguridad que «fabrican muy pocas empresas en el mundo» y de «un difícil suministro que no es inmediato». Qué si hay que reponer sensores de calor, luminarias, detectores de gases, cámaras de vídeo vigilancia y paneles informativos… Resulta impropio de un país moderno y tecnológicamente avanzado, que el Ministerio responsable alegue dificultades de abastecimiento para restaurar los daños y para justificar que la solución se demore hasta cinco meses.

A veces parecemos tercermundistas.

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