Cuando el baloncesto se lleva en el ADN

Nuria Gómez comenzó a jugar con diez años y ya nunca ha abandonado un deporte que marca su vida


vigo / la voz

A Nuria Gómez no le resulta fácil llevar la cuenta de todos los sitios en los que, ya fuera como jugadora, entrenadora o delegada, ha disfrutado del baloncesto. Y quizá sea eso lo único que se le haga complicado del deporte de la canasta, que comenzó a practicar en el colegio cuanto tenía diez años y que ha marcado su vida por completo. Porque la entrenadora y coordinadora deportiva del Baloncesto Nigrán afirma con convicción que esta disciplina ha sido determinante en su manera de ver la vida y a la hora de forjar su personalidad.

«Yo era una niña tremendamente tímida, que hasta me costaba hablar. El deporte me ayudó a socializar», introduce. Porque más allá de la infancia, ha seguido siendo fundamental para su desarrollo personal. «Gracias a él pude entender muy pronto que hay que luchar y sacrificarse para conseguir cosas. También me ha dado seguridad en mí misma, aprendizaje en el día a día con los niños y muchos amigos, porque la mayoría son del baloncesto», agradece.

A Nuria una lesión la apartó de la práctica deportiva cuando todavía le podía haber quedado mucho por delante. Asegura que no fue ningún trauma, sino una manera de acelerar un proceso que ella, entrenadora de vocación, sabía que se iba a producir antes o después. «Me operaron de la rodilla a los 19 o 20, pero mi cabeza ya estaba más enfocada hacia la formación que a seguir jugando. Me apetecía enseñar baloncesto, trabajar con niños», recuerda. Por eso admite que la lesión fue «ese empujón que necesitas a veces en la vida para tomar decisiones».

Esa clara vocación hizo que la retirada no fuera para nada traumática. «Aceleró unos años un paso que yo ya sabía que quería dar. El mundo de los niños siempre me gustó, y poder estar en contacto con ellos a través del baloncesto, todavía más», cuenta. Así empezó una carrera como entrenadora que le llevó a Calasancias, San José de La Guía, Escultor Acuña, Canicouva, Seis do Nadal y Celta, entre otros, aparte de llevar selecciones gallegas antes de comenzar el proyecto actual en Nigrán.

Nuria tiene claro que disfruta mucho más con sus roles actuales que cuando jugaba. «Mucho más. La satisfacción de cuando enseñas algo y ves que los niños lo aprenden y lo aplican el fin de semana te da un plus tremendo», recalca. Y agrega que lo que la atrapó del baloncesto fue en primer lugar «la intensidad con la que se vive todo, porque es un deporte que en décimas de segundo te cambia el resultado de un partido y te obliga a tomar decisiones muy rápidas intentando no equivocarte». Pero por encima de todo le estimula poder inculcar valores a través del deporte. «Nosotros trabajamos con el Amfiv y con el Centro Juan María para que nuestros niños convivan desde la infancia con esas realidades. No podemos separar el deporte del resto y en ese sentido creo que hacemos una buena labor», reivindica.

Aunque su papel durante todo este tiempo ha tenido mucho de trabajo en la sombra, Nuria afirma con convicción que se siente muy reconocida por aquella gente con la que ha trabajado a lo largo de los años y por quienes la rodean ahora. «Tenemos familias con las que podemos organizar eventos y el apoyo es al 100 %. Me siento una privilegiada por estar trabajando en lo que me apasiona y tener detrás a estas personas que te aportan tanta satisfacción».

Proclama que la motivación no le ha faltado jamás y que lo único que se le suele quedar corto es el tiempo para todas las cosas que querría hacer. «Tengo tantas ideas y tantas ganas de desarrollarlas, que acaba la temporada y pienso que me faltan un par de meses más», apunta. De hecho, sostiene que por muchos años que lleve, no deja de haber cosas pendientes: «Siempre quieres dar nuevos pasos para hacer las cosas lo mejor posible», analiza.

Actualmente lleva tres equipos al mismo tiempo más la coordinación. «Tienes que dedicarle mucho tiempo y no es fácil. Hay que tener paciencia para que las cosas salgan y sencillo no es, pero va en mi ADN».

Personal

Nuria Gómez Domínguez nació en Vigo en 1974 y comenzó a jugar al baloncesto en el colegio cuando tenía diez.

Trayectoria

Una lesión precipitó su retirada y adelantó el inicio de su carrera como entrenadora en múltiples clubes y colegios hasta el día de hoy.

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