Pasarse al lado oscuro

La letrada Tania Varela es el último ejemplo de abogados que pasaron de la defensa jurídica a implicarse con los narcotraficantes en el ámbito de la provincia de Pontevedra


El juicio contra Tania Varela, periodísticamente reconocida como la narcoabogada, acaba de quedar visto para sentencia en la Audiencia de Pontevedra después de sendas sesiones celebradas a lo largo de un par de semanas que han tenido, especialmente la primera, una enorme expectación mediática.

El caso da para guión de un nuevo serial televisivo, ya sea una secuela de Fariña u otra: la historia de cómo una joven abogada de éxito termina enredada en la madeja de aquellos clientes a los que asistió profesionalmente, atraída por las ingentes cantidades de dinero que se movían hasta el punto de ser investigada por delitos de narcotráfico. Por medio, para que no falte, unas dosis de morbo pues habría un par de relaciones amorosas y un triángulo fatal que termina con una de sus parejas, otro abogado, asesinado por unos sicarios delante de ella.

Para más avatares, cuando resulta condenada y tiene que ir a prisión, desaparece. Durante cinco años se convierte en la fugitiva más buscada en Europa. Hasta ser detenida por los Mossos en Sitges cuando jugaba con su hija en un parque infantil. Aquella letrada ahora está en prisión de dónde salió para sentarse de nuevo en un juicio -ahora como rea- en la sala de vistas donde tantas otras veces había actuado profesionalmente.

Mucho dinero

Aún cabe algún ingrediente más. Una escena estelar final a contemplar por los guionistas no sería inventada sino real pues ocurrió en el último minuto de la vista oral, el pasado jueves. La letrada cambadesa cuya integridad vuelve a estar en tela de juicio, reclamó al tribunal «una sentencia justa». Apeló a la presunción de inocencia -que ella tantas veces ha invocado por otros- pues se considera vituperada por cuantas acusaciones la han vinculado desde hace años con el hampa.

Otra mujer, Nélida Cid, la magistrada presidenta del tribunal de la Sala Cuarta que habrá de dictar el fallo judicial, reprendió a la abogada por utilizar ese último turno de palabra para hacer un «bis» de las argumentaciones de su propio abogado defensor.

Una circunstancia que Tania Varela no podía desconocer pero que seguramente quiso sortear. Triquiñuela de abogada con muchas horas de juzgados, interrumpida por una jueza con más horas todavía de experiencia que declaró el «caso visto para sentencia».

Para la Fiscalía, ejercida por Pablo Varela, fiscal jefe antidroga de Pontevedra, no hay dudas por más que su tocaya de apellido y su defensor quieran emborronar la acusación: le imputa un delito de blanqueo de capitales procedentes del tráfico de drogas. Tania Varela se juega, en caso de condena, sumar tres años y medio más entre barrotes a los siete años que ya está cumpliendo, desde su detención en marzo del año pasado.

La cuestión de fondo en este sumario consiste en determinar si Tania Varela también cruzó la raya y se pasó al lado oscuro dejando a un lado la buena praxis y la deontología profesional subyugada por el dinero fácil. Tanto que su empeño sería blanquearlo como se pretendió probar con informes de la Agencia Tributaria y de la Seguridad Social, así como de las declaraciones de los investigadores del GRECO de la Policía Nacional que incluyeron seguimientos y pinchazos telefónicos.

La convicción de la Fiscalía es que la abogada cambadesa, de aspecto frágil, incluso aniñado aún ahora con 44 años de edad, era una pieza clave de una gran organización de narcotraficantes que lideraba David Pérez Lago, hijastro de Laureano Oubiña.

Ese vínculo ya fue considerado cierto por la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo en la anterior condena firme por narcotráfico que ya cumple la letrada.

Capo di capi

Siendo el caso de Tania Varela actualmente muy sonado, no es el primero ni el más grave de abogados que se pasan al lado oscuro y terminan implicados en el narcotráfico al máximo nivel. El de Pablo Vioque es el ejemplo más rotundo. De origen extremeño, llegó a Vilagarcía en 1975. Había jugado baloncesto y sacado un dinerito que le permitió costearse la carrera. En Arousa accedió al puesto de secretario de la Cámara de Comercio. Pronto adquirió una dimensión de las economías locales, especialmente de la sumergida que movía millones de pesetas, luego de euros, primero con el tabaco de contrabando, después con el narcotráfico. Empezó como abogado de los capos; terminó siendo capo de tutti capi.

Nadó en la abundancia económica; caciqueó política y socialmente a su antojo pero desde 1991, tras el ajuste de cuentas de Benavente en el que es asesinado el tesorero de la Cámara, su suerte comenzó a cambiar. En 1995 la Xunta intervino la entidad cameral y le destituyó. Había un agujero de 70 millones de pesetas. En 1997 fue detenido y encarcelado por narcotráfico por orden de Baltasar Garzón. Ya entre barrotes, gravemente enfermo de un cáncer, tramó asesinar al fiscal antidroga de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, el mismo que ahora actúa en la acusación pública contra los responsables del procés. El plan fue descubierto y añadió un nuevo sumario y otra pena contra Vioque. Cumplía 25 años de cárcel. Cuando le quedaba la mitad de la condena pidió «morir en casa». Excarcelado unos meses antes, falleció en el 2008 llevándose muchos secretos con él.

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