Valió la pena, señora presidenta

Los tres años de la pontevedresa Ana Pastor al frente del Congreso de los Diputados merecieron un reconocimiento general este jueves pasado en una legislatura tan bronca


Pontevedra / La Voz

En vísperas del 8M quiero dedicar hoy esta página a reconocer el papel de las mujeres en nuestra sociedad a través de la figura de Ana Pastor como presidenta del Congreso de los Diputados y de las compañeras periodistas que, por segundo año consecutivo, acaban de celebrar en Pontevedra el Encontro de Mulleres Columnistas.

La trayectoria de la política pontevedresa, que ha sido la tercera autoridad del país, y el enorme eco (más de millón y medio de impactos en Twitter solo el viernes) alcanzado por el encontro de periodistas suponen pasos hacia la igualdad. Aunque el camino que resta aún es tortuoso pues se requiere de modo urgente y por razones de supervivencia erradicar la lacra del terrorismo de género -ya es mucho más que violencia-, que nos desangra cada año. Hasta que no convirtamos en un triste recuerdo lo que hoy en día es noticia permanente, no habremos puesto un peldaño suficientemente sólido para subir la escalera que nos permita acortar los plazos. No basta con que mostremos una sensibilidad especial cada ocho de marzo, si el resto del año languidece nuestra toma de conciencia. Pero sobre todo necesitamos que todas las mujeres sean respetadas por los hombres y que las diferencias que surjan de la convivencia no se «resuelvan» a golpe de armas y muertes.

Papeleta complicada

En la actual etapa democrática de España no ha habido otra gallega que hasta ahora haya ocupado un papel institucional de tan alto rango como Ana Pastor. Tras una amplia carrera en la gestión pública que incluyó varios ministerios, ha sido la cabeza visible del poder legislativo, una de las tres patas sobre las que se asienta la división de poderes de un sistema democrático aseado. Los tres años en los que ha desempeñado la presidencia del Congreso de los Diputados concluían el pasado jueves con un discurso muy celebrado. Ana Pastor reclamó los 40 años que acaba de cumplir la Constitución que nos dimos todos los españoles para concluir con estas palabras: SSe puede pensar sin temor a equivocarnos, a equivocarme, que valió la pena por ustedes, por España y por los españoles”. Palabras que fueron despedidas con una ovación general. No solo los diputados del PP o de Ciudadanos; también lo hicieron los parlamentarios socialistas, de Unidos-Podemos y hasta los diputados de los grupos independentistas catalanes con los que la relación cotidiana de la presidenta del Congreso no ha sido sencilla. Cuando alguien como Ana Pastor recibe semejante reconocimiento, tan general como políticamente transversal, después de una legislatura tan tensa como a veces bronca, no cabe duda que se ha ganado merecidamente el respeto de todos.

La papeleta que tuvo no era sencilla. La ausencia de mayorías estables y el conflicto catalán han convulsionado muchas veces la vida parlamentaria. Han ocurrido situaciones inéditas en la política nacional que hubo de sobrellevar con eficiencia. Desde la aplicación del 155 a la moción de censura que tumbó por primera vez en la España democrática a un presidente de gobierno.

Al mismo tiempo que ha ocupado una de las tres más altas magistraturas del Estado, la pontevedresa ha sido plenamente consciente de que su condición de presidenta del Congreso de los Diputados ha simbolizado un enorme avance de la mujer. En su discurso del jueves dejó recado. Se refirió a uno de los cuadros que visten las paredes del despacho de la presidencia de la cámara en el que se recrea una sesión parlamentaria de 1908. Las únicas mujeres que aparecían en el lienzo eran invitadas en la tribuna del público. «Afortunadamente, hoy en día, cada vez somos más las mujeres que nos sentamos en los escaños de este hemiciclo y personalmente me ha enorgullecido ser una de ellas», dijo Ana Pastor.

Mulleres que opinan

Es evidente que aún queda mucho trecho. Pero ese recorrido se achica gracias a personas como Ana Pastor, o Carmela Silva, o Maica Larriba, o la nueva directora del penal de A Lama, o la nueva comisaria jefa de la Policía Nacional que escalan al frente de instituciones y responsabilidades donde antes no habían llegado las mujeres.

Del mismo modo, en mi profesión aunque también vamos despacio. El año transcurrido desde el primer encontro de mujeres columnistas celebrado en el Principal acreditó solo ligeros avances en la escalada de mis compañeras en los ámbitos decisorios y de opinión en los medios de comunicación, según la conclusión general extraída por ponentes y participantes en el congreso que pude seguir gracias a la retransmisión en streamming.

Aunque Susana Pedreira y Diana López, organizadoras de la convención, recordaban ayer que la llegada de Rosa María Mateo a la dirección general de RTVE y de Soledad Gallego Díaz, a la dirección de El País, han supuesto sendas alegrías, son excepciones aisladas en el panorama de la comunicación que sigue teniendo aplastante mayoría de hombres en los puestos clave.

Pero no pueden caer en el desaliento. Al menos, el mayor cambio obtenido en estos doce meses es que se ha logrado incorporar el debate de la necesidad de conseguir la igualdad y que ese debate ha llegado para quedarse. Necesitamos más mujeres que manden y que influyan. No son peligrosas; son indispensables.

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