Los empleados de la concesionaria del matadero municipal de Pontevedra hablan por primera vez tras un mes de cierre y con un ERE a las puertas
07 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Llevan más de un mes sin poder trabajar. El cierre del matadero municipal de Pontevedra, decretado el 30 de abril por la Xefatura Territorial de la Consellería de Sanidade por deficiencias en la instalación, los aboca a pasar los días en casa. «Ya no es que la situación sea mala porque no entran ingresos, también está el componente psicológico, que va haciendo mella». La reflexión en voz alta la hace Javier Neira, uno de los 17 empleados de Carnifex, adjudicataria desde marzo del 2013 de la nave ubicada en la parroquia de Alba.
Los trabajadores quisieron ayer dar la cara tras un mes de silencio. «Queremos hacer las cosas bien, llamamos a todas las puertas, a Sanidade, al Concello... Pero empezamos a estar cabreados y algunos desesperados». Javier Neira y José Sánchez actúan como representantes de sus compañeros. Cuando estalló el conflicto que derivó en el cierre del matadero, dos de los 19 trabajadores optaron por desvincularse de la empresa. Once hombres y seis mujeres, con una media de edad que ronda los 35 años, forman ahora la plantilla de Carnifex. Sus funciones son diversas y se reparten entre las secciones de sacrificio, tripería, limpieza y administración, además de la gerencia.
Son conscientes de que la presentación de un expediente de regulación de empleo (ERE) temporal es inminente. «La situación se va a alargar en el tiempo y la ley obliga a la empresa a presentar el ERE si no puede afrontar los pagos. Nuestra preocupación es cómo va a quedar nuestro puesto de trabajo», dicen. Javier Neira y José Sánchez hacen hincapié en que lo fundamental es que la Administración autonómica aclare cuáles son las actuaciones que hay que acometer, «algo que a día de hoy no sabemos por escrito». La prioridad, subrayan, es abrir para poder retomar la actividad y evitar también la pérdida de usuarios, que han tenido que irse a otros mataderos de la provincia, principalmente, Cambados, Vilagarcía y A Estrada. En la instalación de la capital se mataban entre novecientos y mil animales al mes.
Con la información que manejan se muestran muy críticos con el proceder de Sanidade. «Una cosa es que la Administración sea independiente, y otra que actúe por capricho», sentencian.