Una familia relata su experiencia en el acogimiento de menores
13 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.«Mucha gente te ve y te dice: ??Ah, pero es que te lo van a quitar??. Pero a mí no me van a quitar nada, porque no es mío». Julio Fernández tiene muy claro su papel de padre acogedor, una vivencia que decidió afrontar junto a su mujer, Ángeles Argerey, hace ahora dos años. El cartel sobre el programa que vieron un día paseando en su localidad de residencia, A Estrada, los convenció sobre algo que les llevaba rondando tiempo, sobre todo después de conocer casos cercanos con menores «que daban coraje».
Los servicios sociales los introdujeron en el programa de familias de acogida que Cruz Roja desarrolla en convenio con la Consellería de Traballo e Benestar Social y el Ministerio de Sanidad. Esta medida de protección de la infancia permite que determinados menores cuyos progenitores estén atravesando una situación de crisis o dificultad puedan convivir temporalmente en el seno de una familia que les proporcione una atención adecuada. A ambos les convenció, hicieron el necesario curso de formación y después de seis meses de espera «en los que ya dudábamos si nos iban a aceptar», llegó a su hogar una niña de un año. Convivió con ellos y con sus dos hijos, que por entonces contaban 8 y 5 años, otro semestre. «La verdad es que se adaptó muy bien -cuenta Geli-. Tenía también visitas con su familia biológica, una vez a la semana en un punto de encuentro. Y después de ese tiempo pudo volver con ellos».
«Echando una mano»
Pese a que ambos asumieron siempre que el acogimiento es algo temporal, la entregaron llorando. Pero Julio insiste: «Yo lo dije en todos los cursos, en los que decían, ??tened presente la despedida??. La despedida el día que llegue, la afronto. No puedo estar seis meses pensando que se va a ir. Estoy echando una mano. Mientras está conmigo no está en un centro, está en un hogar con referencias de niños. Y es lo que me animó a decidirme, creo que el tener una infancia que no sea feliz a una persona le tiene que marcar de por vida. Ver niños con esta problemática a mí me marca. Aquí sabes que estás provisional y tienes que fomentar que no pierda sus lazos familiares. Y sí, la entregué llorando, y se lo dije a sus padres, lloro no porque se vaya con vosotros, sino porque tenéis una hija que vale un montón».
Como señala María Eslava, psicóloga de Cruz Roja que lleva este programa, son muchas las familias que repiten la experiencia «una y otra vez, porque se llevan mucho del acogimiento». También lo hicieron Julio y Geli, que desde febrero tienen a otro menor de nueve años en su hogar. En este caso, la tarea se presentó algo más complicada. «Un bebé se adapta -añade Geli-, pero con un niño de nueve años hay que trabajar más. Ya tiene una manera de ser y hubo que insistir mucho al principio para que se adaptase a los hábitos y rutinas».
El hecho de que procede de una cultura diferente «también influye», pero no ha supuesto obstáculo alguno para su integración en la vida familiar. «Es muy bueno, pero hay que trabajar otras cosas con él, como los estudios», apunta esta madre. Ambos están muy satisfechos también de cómo sus hijos han respondido al hecho de tener otros niños en casa. «Con la niña, mi hija al principio se sentía un poco desplazada, pero ahora se acuerda siempre de ella. Y con este, era quizá el niño el que chocaba con él, pero son de la misma edad y la verdad es que ahora si hay roces es como si se pelean los míos, como pasa entre hermanos».
Seguir para ayudar
No saben cuánto tiempo seguirá con ellos el menor, pero ambos afirman sin dudas que continuarán en el futuro en el programa «porque aunque es cierto que hay momentos en que te desinflas, es algo que nos gusta, y mis hijos también lo asumieron como algo en lo que están ayudando», como explica Julio Fernández.
«La despedida, el día que llegue, la afronto, no puedo estar pensando que se va a ir»