Cualquier empate con goles le sirve a los pontevedreses para pasar de ronda en Santo Domingo
31 may 2010 . Actualizado a las 02:53 h.El partido ante el Alcorcón fue un encuentro pasional para el Pontevedra con una afición totalmente entregada, poca calidad técnica, un final con 10 jugadores cada equipo -fueron expulsados Béjar y Charles en la segunda parte- y con un final que dejó abierta la eliminatoria.
El Alcorcón renunció a especular en los primeros minutos y el partido entró en una dinámica de balones largos, con un ritmo alto y con el esperado marcaje a David Sanz entre Vázquez y Sergio Castaño. En los primeros compases, los dos equipos apelaron al fútbol directo en una apuesta de no arriesgar, con lo que lucha se desarrolló en el centro del campo, donde el veterano Carlos Padín se mostraba como el canalizador del poco fútbol que generaba el Pontevedra.
De esta forma, Pablo Alfaro evitaba que el equipo madrileño llevase la iniciativa, aunque le faltaba una respuesta a las acometidas de los jugadores de Anquela. La primera aproximación con cierto peligro por parte del Pontevedra fue un buen centro de Charles desde la derecha al que Iban Espadas, que se quedó a mitad de camino y no logró rematar el balón en la boca de gol.
Poco después una falta clara de Nagore a Charles levantó al público de los asientos al ser la segunda amonestación que podría haber dejado al conjunto madrileño con un jugador menos en el que la física y el contacto eran las piezas fundamentales sobre las que se estaba rigiendo el encuentro.
La falta de ocasiones llevó a la afición granate a convertir el juego en un acto pasional, con un apoyo total en busca de un gol con el que abrir el partido.
Aunque los porteros apenas tuvieron trabajo durante el partido, Orlando Quintana consiguió rechazar dos balones con cierto peligro.
Pero la mejor ocasión del primer acto llegó a cargo de Santi Amaro. Su duro lanzamiento desde 25 metros hizo que el balón saliese rozando el larguero. Con esta jugada, el árbitro señaló un final de primera parte con muy poco juego.
El Pontevedra estaba obligado a atacar ya que el empate le dejaba en una situación precaria para la segunda parte.
De entrada, Alfaro prescindió de Víctor Bravo para dar entrada a Iván Carril y poco a poco el Pontevedra trató de dinamizar un poco su juego a pesar de que el Alcorcón siguió esperándolo atrás, dejando solo en punta a David Sanz.
La permisividad del árbitro provocó que el partido se rompiese todavía más, aunque unos minutos después el partido dio un vuelco. Cuando el Pontevedra se encontró con una superioridad de efectivos tras ser expulsado Fernando Béjar por darle un manotazo a Sergio Castaño. Pero la superioridad duró muy poco. Cuando el equipo granate trataba de hacerse con el control del partido, el árbitro le mostró a Charles la segunda amarilla y el equilibrio volvió sobre el césped de Pasarón.
Después de 80 minutos sin adquirir una mínima ventaja para acudir el próximo fin de semana con algunas garantías, Pablo Alfaro dejó a Vázquez y a Sergio Castaño en la línea defensiva, metiéndole presión a los madrileños.
Era otro partido. Moreno estuvo a punto de irse de la defensa amarilla, pero el asistente señaló fuera de juego, lo que volvió a cobrar otra bronca el trío arbitral.
El debutante Dani Pendín dio algunas muestras de calidad, con los pases laterales con muy buena intención.
Pero todo el trabajo fue insuficiente. Con la renuncia al ataque demostró que el Alcorcón es más fiero de lo que parecía, cuando sobre el terreno de juego no exhibió esa superioridad. Al contrario, dio la sensación de que de haber apretado un poco más el acelerador, el equipo pontevedrés podría acudir al campo de Santo Domingo con una renta mejor en el bolsillo.
En cualquier caso, no es un resultado malo. Domina por lo menos los dos empates a uno y dos goles.
Será el momento en el que el equipo de Anquela tendrá que arriesgar más, por lo que habrá que confiar en el demoledor ataque de los granates fuera.