Las directivas europeas están casi más presentes en el día a día local que las ordenanzas municipales. Pero todavía suenan a algo lejano. ¿Qué está fallando?
11 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La cantinela de los ayuntamientos ha calado. De tanto repetir que asumen competencias impropias y que son la Administración más cercana al ciudadano, el mensaje ha acabado por formar parte del argumentario general de cualquier alcalde para reclamar más dinero. Y de ahí, a la ciudadanía. Con la Unión Europea sucede justo lo contrario. Aporta fondos y regula la vida de los ciudadanos en aspectos que, en ocasiones, están más presentes en la vida cotidiana que aquellos que se ven afectados por las propias ordenanzas municipales, pero su presencia es etérea
Quizá por eso, el eurodiputado Francisco Millán Mon (PP), la conexión pontevedresa en Bruselas -es el único eurodiputado de la provincia y uno de los tres gallegos-, lleva años reclamando una asignatura que acerque a los más jóvenes la realidad de lo que se cuece en Europa. «En España hay todavía un europeísmo favorable. Pero nosotros, los eurodiputados, y la gente que estamos implicados, tenemos que hacer pedagogía», insiste.
Pero algo falla. El mensaje no llega. «Los primeros años, Europa no tocaba tanto en los aspectos cercanos. La Europa en la que accede España, en el año 86, hay ya más una idea de cohesión. Pero es sobre todo cuando llega la moneda única cuando el ciudadano tiene más consciencia de Europa es una cosa tangible», reflexiona ahora el eurodiputado.
La propia dinámica de la política nacional no ayuda. Con una retroalimentación continua de declaraciones y contradeclaraciones, las campañas europeas, una ocasión de oro para hacer la pedagogía que reclama Millán Mon, las cuestiones europeas quedan en un segundo plano. Y apunta a algunas de las causas: «No existen partidos políticos europeos, no presentamos un líder común. Estamos lejos de ello».
Pero la pedagogía asienta con firmeza uno de sus pilares en la autocrítica. Así que el eurodiputado no la rehúye. «A veces los gobiernos han sido un poco desleales con el proceso europeo». Y pone un ejemplo: cuando un Estado se apunta un tanto en la política común dice «hemos arrancado en Bruselas», reflexiona Millán Mon. «Pero Bruselas nos impone, es el argumento cuando sucede lo contrario. Así Bruselas no gana nunca».
Allí se juega algo más que sanciones y trozos del papel presupuestario. «Europa ha sido el gran generador de paz, pero las nuevas generaciones ya no lo perciben así. Una asignatura de cuatro meses en la que se les enseñase qué supone, como funciona ayudaría. Porque una cosa que ignoras nunca aprendes a valorarla», sentencia el hombre que ejerce de conexión pontevedresa en Bruselas.