Un reloj de sol para gigantes

Rocío Ramos redac.pontevedra@lavoz.es

PONTEVEDRA

José Luis Basanta es un enamorado de los relojes de sol. Fruto de esa pasión fue la publicación de un libro, editado por la Fundación Barrié de la Maza en 1986 y más tarde actualizado, en el que este vecino de Pontevedra, nacido en Lugo en 1924, recogía datos los relojes de sol existentes en Galicia. No hace mucho el arquitecto pontevedrés Enrique Pérez Ardá, encargado de la construcción de un centro social en Donramiro, en Lalín, se ponía en contacto con Basanta para pedir consejo. A la hora de hacer el proyecto el arquitecto se encontró con la necesidad de que una de las paredes del futuro edificio no podía llevar ningún tipo de ventanas ni de luces porque daba a la parte de atrás del campo de fútbol. Al arquitecto se le ocurrió que se podrían colocar en ella, dado su gran tamaño, varios relojes de sol. Al final la pared se convirtió en tejado y se optó por buscar el único tipo de reloj horizontal existente. Un modelo de reloj de sol polar que está pintado en un tejado de 30 x 10 metros y que alberga el que para Basanta es posiblemente uno de los relojes de sol más grandes de Europa. Sus dimensiones son de veinte metros de largo por diez de alto. Eso sin contar con algunos espacios que en realidad son relojes de sol, como es el caso de la Praza de San Pedro, en el Vaticano, en la que el obelisco es el que sería el encargado de marcar las horas sobre el suelo. La construcción. En el caso de Lalín, para que se pudiera construir el reloj de sol en el tejado del centro social de Donramiro tuvieron que darse una serie de circunstancias. José Luis Basanta Campos cuenta que los relojes de sol son, sobre todo verticales, aunque existe algún tipo muy horizontal, tipo mariposa, como es este caso. Basanta creyó muy interesante que fuese precisamente Lalín, cuna del astrónomo y precursor de la astronomía en Galicia, Ramón María Aller, el que acogiese este inmenso reloj de sol, que le dedica. «Coincidí con él en mis años de Santiago, aunque no me llegó a dar clases», dice. Para construir el reloj hubo que ir afinando datos. El ingeniero cuenta que «primero se planteó que la inclinación del tejado fuese a 45 grados, pero variándola un poco y dejándola en 42,5 grados, tenemos la latitud de Lalín. La varilla tiene tres metros de alto. Basanta Campos explica que además la orientación del reloj era casi perfecta y servía para el fin que se proponían. Para poder hacer los cálculos y tener todo medido y milimetrado, añade que construyó una maqueta de un metro que tiene en su casa y en la que va probando cómo funciona el reloj y que los parámetros realizados son los correctos. Basanta apunta que «el reloj empieza a marcar las horas a las siete de la mañana y lo hace hasta más o menos las cinco de la tarde». Este estudioso aclara que «la hora que marca un reloj de sol no es la misma que puede tener uno en la muñeca porque el sol va caminando y en el de la muñeca la hora que nos marca es siempre la que fija el paso por el meridiano cero». En el caso del reloj de Lalín, dada su situación, aclara, «va unos 35 minutos adelantado, cuando son las doce marca las dice y treinta y cinco».

Basanta fotografía su maqueta todos los meses y va comprobando los cálculos. Para él la construcción del reloj «está muy bien». Comenta que «ese enorme tejado lo fueron haciendo a trozos, con unas plancha enormes de aluminio, tipo sándwich rellenas de lana de vidrio y las líneas de colores del tejado que lleva el reloj son unas pegatinas que son como las que llevan los aviones, muy resistentes». El reloj se puede ver perfectamente desde el campo de fútbol. De hecho en alguno de los últimos partidos el juez de línea iba echando vistazos al reloj cada poco tiempo para ir comprobando el paso del tiempo. Basanta tiene ahora prevista en breve una visita a la capital dezana. Tendrá que ser un día soleado para poder ver su reloj en funcionamiento y aprovechará para visitar la casa natal de Ramón María Aller y su observatorio. El centro social de Donramiro tuvo un presupuesto de 449.999 euros. Su construcción fue adjudicada por el Concello de Lalín, que lo incluyó en el plan E, a la empresa lalinense Construcciones Framiñán.

Si en 1986 en el libro editado por la Fundación Barrié de la Maza, José Luis Basanta, recopilaba datos de doscientos relojes de sol, unos años más tarde en torno al 2004 se editaba otro volumen actualizado en el que se analizaba los 379 relojes de sol que este estudioso localizó por toda Galicia. Muchos de ellos se encuentran en zonas tradicionales de canteros como es Pontevedra y son más frecuentes en zonas costeras como O Morrazo y O Salnés. También destaca un triángulo del interior formado por las localidades de Campo Lameiro, Cerdedo y Cotobade. Por provincias, según este estudio, son 241 en Pontevedra, 52 en A Coruña, 28 en Ourense y 16 en Lugo, además de una colección de 42 ejemplares que se conserva en el Museo de Lugo. Para el ingenierro estos no son todos los que están. La variedad es muy grande, Existen ejemplares como uno del año 1.780 ubicado en la Praza da Constitución de Vigo piezas con alguna figura como el caso de uno en la localidad de Melón. Los hay hasta anexionados a un cruceiro como es el caso de otro ubicado en Viso, en la localidad coruñesa de Padrón.Los hay municipales y particulares. En el consistorio de Viveiro y rodeado de los principales símbolos de la ciudad se encuentra un conocido reloj de sol. El libro de Basanta leva por título Relojes de piedra en Galicia y ofrece un hermoso recorrido por estos ejemplares desgranados a lo largo de 370 páginas.