La lucha por el mando a distancia

PONTEVEDRA

Padre e hijo comparten el gusto por los coches de radiocontrol, compiten juntos, se complementan en la pista y fuera de ella y dan vida al Club Caldas RC

24 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Conocido es que el olor a gasolina quemada genera en algunas personas una invisible atracción difícil de describir. Ocurre en los pilotos de Fórmula Uno, en los del mundial de motociclismo, en los amantes de la velocidad en general y en los de Radio Control en particular, que pasan por ser una especie menos abundante pero igualmente entregada a la sensación de vértigo que aportan los centímetros cúbicos de sus máquinas.

En Caldas de Reis existe un importante reducto, un paraíso de las réplicas de los coches de competición, que aviva la pasión por estas miniaturas. En Arcos da Condesa está su circuito y en casa de los Eiras está el presente y el futuro de esta modalidad.

Fran es el presidente del Club Caldas Radio Control. A sus 36 años lleva 6 «radiocontrolando» sus prototipos. Su hijo Cristian tiene ahora 9 años y aunque ya ha mamado la afición desde hace tiempo, lo cierto es que su debut en una competición oficial fue el pasado año.

Este es un mundo en el que «la mecánica es complicada, pero también es una de las partes que más gusta a los que estamos metidos en esto», asegura Fran, que confiesa que «muchas veces los padres acabamos haciendo de mecánicos de nuestros hijos, porque para ellos lo más atractivo es pilotar». Refrendando esto, Cristian asegura que «lo mejor es conducir. Tomar las curvas es genial pero sobre todo, acelerar en las rectas».

3,5 kilos a 43.000 rpm

El Radio Control es toda una ciencia. El espectáculo de las grandes competiciones tiene su paralelismo en los pequeños circuitos. En Caldas, 240 metros de pista son suficientes para que los bólidos surquen el trazado de tierra: Cada coche pesa 3,5 kilos. Alcanzan velocidades de hasta 90 kilómetros por hora. Consumen del orden de un depósito entero cada seis minutos de carrera. Tienen 4.3 centímetros cúbicos de motor, que rueda a 43.000 revoluciones por minuto. Y por si fuera poco aquí también existen los reglajes, la zona de boxes y los campeonatos de las distintas modalidades.

Todo esto, para exaltar una modalidad deportiva incipiente entre todas las edades. Ofrece variedades para todos los gustos: Pista (circuito de asfalto), 1:8 pista (réplicas de escala 1:8), Rally game (el primer paso para los aprendices sobre asfalto) o TT (todo terreno). La gran diferencia entre el Radio Control y los coches teledirigidos es que el primero «es de competición, no de cochecitos», como aseguran bromeando las dos generaciones de los Eiras.

Un deporte más

Para muchos, practicar un deporte significa uniformarse, comprar el equipo de accesorios pertinente y sudar. Sin embargo existen bastantes disciplinas que huyen de esa imagen preconcebida. El RC tiene normas. A pesar de que todavía no tiene una Federación que marque los designios de esta opción deportiva, sí cuenta con la Asociación Española de Coches de Radio Control, cuyos socios acceden a los campeonatos de los distintos niveles.

La norma dice que «para conformar las parrillas de salida de las finales hay que disputar dos mangas de 5 minutos», dice Fran. Los coches que den más vueltas en menos tiempo son los que pasan directamente a la última ronda. Los que no superan el corte disputan la repesca.

Existen circuitos en Vigo, O Porriño, Vilagarcía y A Coruña, un centenar de pilotos que acceden habitualmente a los grandes eventos y 4 o 5 tiendas en Galicia donde poder comprar bólidos y accesorios (desde 300 euros).

Con todos estos datos, Fran Eiras entiende el Radio Control como una excelente salida para los jóvenes. «Todo el mundo tiene que hacer algo y esta es una buena opción. Es muy seguro - «y muy cansado» añade su hijo-. Quema esa adrenalina que da siempre la velocidad».