«Siempre me ha atraído la idea de poder ser piloto de aviación»

PONTEVEDRA

El presidente del Pontevedra C.F. hace valoración de sus años de juventud y avanza los proyectos de un futuro en el que todavía tiene que «dar mucha guerra»

21 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Nino Mirón confiesa haber visto envejecer y modernizarse al casco antiguo de Pontevedra a un ritmo endiablado y de sus palabras se extrae cierta morriña de lo que un día fueron las plazas originarias que conformaban la zona vieja de la capital del Lérez. A pesar de haber nacido en Asturias, Saturnino llegó a la ciudad a la tierna edad de seis años y desde el primer momento se considera «pontevedrés de toda la vida y por los cuatro costados».

Obviando que es una persona a la que la fama le ha asaltado, es de esos a los que no le gusta hablar demasiado de su vida. Dice que uno de los rincones más especiales de Pontevedra es para él la plaza de Méndez Núñez. Allí estudió, en la Academia Cervantes, y allí, en aquella plaza, invirtió gran parte de sus tiempos mozos. «Me sigue trayendo muchos recuerdos, de esos que nunca se olvidan», dice con cierto aire de nostalgia. «Recuerdo cuando llegaban los camiones con las naranjas para descargar y nosotros íbamos a robarles unas cuantas cuando el repartidor no miraba». Del pequeño Nino Mirón han llegado hasta estos días ciertos trazos de su carácter. Él mismo confiesa que «de pequeño era muy traste, era imparable y según mi madre era un terremoto... -ríe- creo que no he cambiado tanto».

Sus primeros años en Pontevedra los evoca dibujando una sonrisa en los labios. Dice en voz alta, pero mirando hacia adentro, que «nos íbamos a la plaza de A Ferrería, a las escaleras de Hacienda y a los jardines hasta que tocaba el timbre para entrar en clase. De aquella se charlaba mucho más que ahora».

Sumido en esa perspectiva que ofrece el paso del tiempo, apunta que «Pontevedra ha cambiado absolutamente en todo» y añade que «esta ciudad estaba muy atrasada en muchísimas cosas y por eso lo que vemos hoy no se parece en nada a lo que había antes, hace 25 o 30 años». Para él, el secreto ha sido que «ha cambiado la gente y su mentalidad. Ahora es mucho más moderna en todos los sentidos».

En la actualidad su vida se divide entre Pontevedra y Sanxenxo. Si se le pone en el aprieto de tener que elegir dónde está más cómodo, incluyendo en la terna a su patria asturiana, responde como buen gallego, con un «¿por qué no las tres...?».

¿Amigos? pocos pero buenos

Nino Mirón se define como una persona «competitiva», «cuidadosa con sus amistades» y «a la que le suena demasiado el móvil». Sobre esto último, es de los que piensan que el número de veces que hay que descolgar el teléfono es «incalculable», al tiempo que se une a ese movimiento de los que creen que este derroche tecnológico solo suena para ofrecer problemas por resolver porque «no suelen llamar para dar muchas alegrías».

Mirón no guarda demasiados amigos de su etapa infantil porque «la vida ha ido separando los grupos. Unos se fueron de aquí, y otros, aunque siguen, han tomado otros caminos, es normal».

Opina que «los amigos los puedo contar con los dedos de una mano». «Después -añade- hay mucha gente con la que mantienes buenas relaciones pero que no llegan al rango de amigo». Este aspecto no es algo secundario en su vida. De hecho, reconoce que le gustaría que la gente le recordase «como un buen compañero y buen amigo, que me parece lo más importante, mucho más que otras cosas», a pesar de que entiende que «eso es algo que no se suele decir a los demás pero que sí se piensa».

El otro gran pilar de su día a día es su entorno familiar. Lejos de los micrófonos y los flashes que le han acostumbrado irremediablemente a comparecencias públicas y a cientos de retratos en los fondos gráficos de los diarios, Nino se muestra como un tipo afable y cercano. Asegura que lo que más le colma es «la familia que tengo; mi mujer y mis hijas son algo realmente importante para mí» y dice que su madre está «mucho mejor» que él en muchas cosas.

La otra cara de Nino

En caso de que la vida de Nino Mirón no estuviese ligada al mundo de la construcción o al Pontevedra C.F. es probable que dedicase sus quehaceres a «ser piloto de aviación». «Me seduce mucho la idea -asegura-. Siempre me ha llamado poderosamente la atención poder coger un aparato de esos y ponerlo en el aire... no hay barreras naturales y eso me fascina».

Con respecto a esos ídolos o personajes archiconocidos que habitualmente se mueven en círculos completamente diferentes a lo cotidiano, Nino apunta a Nelson Mandela como el compañero perfecto de una profunda charla. «La humanidad que irradia me parece tremenda y disfrutaría de esa conversación como con poca gente».

Finalmente, el hoy presidente del Pontevedra se imagina a sí mismo, dentro de cinco o diez años, con una vida más relajada. «Espero verme disfrutando de mis nietos, haciendo un poco de deporte si me siguen acompañando las fuerzas y teniendo una existencia tranquila», afirma. Sin embargo, justo después de decir estas palabras, entorna los ojos, vuelve a sonreír y recita que «sinceramente creo que todavía me queda mucha guerra por dar».