nós, en minúsculas, hace referencia al hombre, y Tí, en mayúsculas, al mar. La relación entre ambos es el eje sobre el que gira la nueva exposición del artista Miguel Pereira, que se exhibe en la Sala de la Escola de Restauración, en la Facultad de Bellas Artes. Para Pereira, el mar «es una fuente constante de inspiración». «Lo es todo, nuestra propia vida, y nosotros que tenemos un contacto tan directo supongo que disponemos una mayor capacidad de reflexión para ver lo que tenemos», dice el creador. Es esta una exposición bicolor, en rojo (para referirse al hombre) y azul (el mar), que parte de un fragmento de un poema de Pereira y en la que destacan especialmente dos obras. La primera, un gran mural de 198 piezas cuyo objetivo es envolver al espectador, titulado con otra frase del poema, As túas múltiples formas, y la segunda la conforman dos cubos de un metro de alto por otro de ancho a los que el artista denomina «cubos inteligenciados». «La idea es el metro utilizado como elemento de equilibrio -explica- y se refiere al equilibrio de la supuesta intelectualidad humana, porque en realidad no parecemos correspondernos con teóricos seres superiores en inteligencia». El creador ha optado en su obra pictórica por el acrílico sobre lienzo, «por la facilidad que ofrece este soporte». La muestra incluye también dos fotografías «manipuladas» que hacen referencia al citado nós, Ti. Una de ellas contiene una pequeña embarcación como referencia humana, mientras que la segunda es «mar puro y duro». Suso Leiro alcanza el Círculo Polar Ártico. Si hay un hombre con una relación más que especial con el mar, ese es el navegante Suso Leiro, que acaba de alcanzar después de una durísima travesía desde Islandia el Círculo Polar Ártico, al llegar a Nuk (Groenlandia). Leiro confesó ayer que se encuentra «aturdido» después de esta última parte de su viaje. «En condiciones normales me debería haber llevado siete u ocho días, pero había mucho hielo y tuve que desviarme primero rumbo hacia Canadá y luego en vez de entrar a Groenlandia por el este, que estaba lleno de hielo, subí por el único paso que estaba abierto en el suroeste hasta llegar a Nuk, lo que llevó trece días», indicó. Aunque planeó concienzudamente su periplo, nunca pensó que iba a ser tan duro. «Estoy agotado, esto tiene mucho riesgo, no lo puede hacer una persona sola, son muchos días y es jugarse demasiado», reconoció. «Si en vez de trece me llevase los ocho días yo ya estaba mentalizado, pero el cansancio se apodera de ti, no aguantaba, la cabeza me caía con el sueño... Es una suerte haber llegado», añade, tras asegurar que ha alcanzado su objetivo con «los golpes de siempre; en la cabeza, en los tobillos, las canillas...». Así que de momento no habla de continuar más al norte o de su retorno, sino que asegura que se quedará un tiempo en Groenlandia, para descansar y aprender inglés, una carencia que también asegura que le ha dificultado el viaje, «porque ser navegante solitario en un barco de vela sin hablarlo es imposible y yo lo entiendo, pero no lo domino y es imprescindible». Interrogatorio a la llegada a Nuk. Leiro salió de Portonovo (Sanxenxo) a finales del mes de febrero y desde entonces ha recalado en Irlanda -antes de recalar en este país tuvo que dar media vuelta a la ciudad de A Coruña hasta esperar que amainara un tremendo temporal-, Inglaterra, Islas Hébridas, las Feroe, Islandia -allí también estuvo parado unos días porque el comandante de Marina no le dejó zarpar, debido al hielo- y, ahora Groenlandia. Por cierto que al llegar, este lobo de mar tuvo que dar más de una explicación en la Comisaría de Godthab, el distrito donde se encuentra Nuk, «porque no concebían que pudiera haber llegado de ahí y me hicieron un interrogatorio». «Aquí hay un momento de tensión tremenda -añade el navegante-. Aunque pertenece a Dinamarca, este país está fuera Unión Europea y parece que le quieren venir a robar aquí el petróleo o no sé que pasa».