«A guerra cambiou sustancialmente dende aquelas formas primitivas que enfrontaban a dous bandos, a dúas tribus que apenas se inflixian baixas». De este modo, Carlos Fernández, de la Fundación Carlos Casares y director de los Encontros de Mondariz, presentó la obra Violencia e conflitos bélicos no novo século, un libro en el que se recogen las actas de los terceros Encontros de Mondariz-Balneario y en el que buena parte de su contenido desentraña a lo que se han venido a llamar las nuevas guerras.
Fernández, tras defender que en la actualidad coexisten los conflictos tradicionales con los modernos, precisó que lo que diferencia a estos últimos de los primeros es la asimetría: «Non son tanto un exército por aquí e outro por alí, con un instrumental tecnolóxico e armamentístico semellante, senon que presentan uns e outros presentan diferencias, ben porque se emprega a guerrilla ou polo uso que se fai do terrorismo».
Precisamente, todos los ponentes que ayer acompañaron a Carlos Fernández en la presentación del libro coincidieron que el terrorismo es una nueva forma de guerra y un fenómeno para el que se tienen que preparar los ejército modernos. No obstante, el historiador y ex militar pontevedrés Xosé Fortes quiso matizar que en el libro se pueden encontrar las opiniones de otros expertos que sostienen la tesis contraria, esto es, que no existen nuevas guerras.
En cualquier caso, Fortes explicó, con gran sentido del humor, que la actual situación deviene de la Guerra Fría cuando la división entre bloques origino la MAD. Tres letras que como siglas significan algo así como Mutual Armed Destruction -Destrucción Armada Mutua-, pero que, como palabra, se traducen del inglés como «locura». Es por ello que, tras la caída del muro de Berlín y el desmembramiento de la Unión Soviética, «parecía que fora posible a vía da paz».
Una creencia que desapareció con el surgimiento de las nuevas guerras, «que desangran países». A pesar del estatus mundial actual, el ex militar se mostró convencido de que la vía de la paz aún es posible, pero siempre que se produzca una modificación de las Naciones Unidas, una idea que, tal y como reconoció, ponerla en marcha «non é fácil».
Izquierda y mala memoria
Por su parte, Basilio García Pérez definió algunas de las características que tienen las nuevas guerras, ya que «non son convencionais»; «non está moi craro contra quen» se lucha, esto es, «o inimigo non está moi definido»; y existe una diferencia cultural entre los intervinientes.
El último en intervenir en la presentación de Violencia e conflitos bélicos no novo século fue el almirante retirado de la Armada Miguel Ángel Fernández, quien sostuvo que las nuevas guerras son un reto para las Fuerzas Armadas. Incidió en que los Estados Unidos comenzaron a tener una presencia mundial a raíz de su guerra con España y de los éxitos que cosecharon con la manipulación de la opinión público. Sin embargo, aunque reconoció que la actuación de los USA muchas veces pueda verse con objeción, criticó que «la izquierda europea tiene mala memoria y se olvida de los dos conflictos en los dos que nos metimos solos los europeos y de los que nos sacó los Estados Unidos».
Este militar, testigo excepcional de lo que ocurrió en el seno de la OTAN durante los tres años posteriores al 11-S, defendió la existencia de ejércitos nacionales, dado que todo país «debe tener una fuerza propia disuasoria». De este modo, aludió a la guerra del fletán y al conflicto de Perejil, como dos ejemplos en los que se puede considerar que el Ejército español tuvo que participar en solitario.
Por el contrario, vio inviable, a diferencia de Fortes, que puedan llegar a existir en un futuro unas Fuerzas Armadas europeas en detrimento de las nacionales.