Zapatero pide un aplazamiento de su declaración por la «complejidad» del sumario
Desde su locutorio y como presidente de la Asociación Multicultural Sinfronteras, el senegalés Bilal Traore es un testigo de excepción de la integración de los inmigrantes.
-¿Cúando llegó a la ciudad?
-En el año 2.000, vine por quince días para visitar a un cuñado y me quedé, porque en Europa, cuanto más al norte, la vida es más robótica. Elegí una vida más sociable.
-¿Dónde trabajó?
-Como casi todos los senegaleses de Pontevedra, en la venta en los mercadillos, mientras buscaba una salida. A final del 2001 abrí el locutorio.
-¿Qué tal va el negocio?
-Vamos tirando. No es fácil para nadie, pero si es eres inmigrante es doblemente difícil, pero prefiero seguir trabajando por mi cuenta.
-¿Quiénes son sus clientes?
-La mayoría son extranjeros, porque son los que más lo necesitan, pero también vienen gallegos a pedir nuestros servicios. Ofrecemos telefonía, las tarjetas para llamar, fotocopias, fax... Se envía dinero, pero también vendemos productos de otros países que la gente necesita para su vida diaria, como comestibles, que son difíciles de encontrar aquí, pero también artesanía, ropa y telas, entre otros.
-¿Cómo ve la integración de los extranjeros?
-Nunca he sufrido el racismo, a lo mejor es por mi forma de ser. En cuanto a la integración, se hacen cosas, pero el camino que queda es largo. Aquí en Pontevedra, hay cosas que se pueden hacer, como por ejemplo, no dejar que la gente extranjera esté marginada viviendo en una parte de la ciudad, como si fueran guetos. Hay que corregir esta situación.