EL VÓRTICE | O |
30 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.EN POCOS meses será centenaria y voy a celebrarlo por todo lo alto. Soy de los que la echan de menos cuando salgo de mi tierra, tal vez por los años que llevo acostumbrando mi paladar a su sabor. Me ha acompañando en mis mejores momentos y en algunos de los peores. Como dice el chiste, «siempre está ahí». En ocasiones siento que es la gran olvidada de la gastronomía gallega y eso que tiene el carácter y la fuerza para convertirse en algo digno de explotación turística. ¿Exagero? Sólo hay que ver las fiestas que le dedican en otros países a verdaderos engendros y no me refiero a Alemania o Chequia. Lo malo es que siempre se ha rodeado, y ahora hablo en general de todas las marcas, de una mala fama inmerecida. Señores, señoras, quítense de la cabeza la expresión «barriga cervecera». Engordar, engorda como todo lo bueno, pero mucho menos, ¡qué digo!, muchísimo menos que la bollería, muchas tapas o un refresco -ya ni hablo de un cubata o un combinado-. Bueno, el año que viene Estrella Galicia cumple cien años y desde aquí le deseo, por adelantado, muchas felicidades. Además, a diferencia de lo que pasa con los grandes vinos nadie se llevará las manos a la cabeza si se mezcla con gaseosa -una clara- o con limón -¡un pica! (así se pide en el País Vasco)-.