Cuando el mar olía a gasolina

Lars Christian Casares Berg
Christian Casares PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

RAMÓN LEIRO

Crónica | Presente y pasado de la catástrofe Doce meses después de que el «Prestige» comenzase a esparcir fuel frente a la costa, La Voz recorre los principales puntos de la ría desde donde se organizó la lucha contra la marea negra

12 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Un contenedor de basura del Concello de A Estrada manchado de fuel junto a la nave de rederas de Portonovo es uno de esos pequeños detalles que permiten recomponer lo que supuso hace un año la llegada de la marea negra. El recipiente llegó en algún momento del caos que vivió el puerto en los primeros días de lucha contra la marea negra, cuando centenares de contenedores de basura se amontonaban en Portonovo y Bueu procedentes de toda la provincia. No resultaron muy efectivos. La corrosión que ejercía el chapapote sobre el plástico era tal, que la mayoría de las veces los recipientes sólo servían para un viaje de las planeadoras. Todo eso comenzó el 5 de diciembre, un día después de que los marineros de Arousa frenasen con sus propias manos la marea negra en la bocana de la ría. Pero antes, tal día como hoy hace un año, el mismo temporal que mató a dos septuagenarias en A Coruña y arrancó de cuajo una rama en Sanxenxo, que se fue a incrustar en la fachada de una casa, provocó que el Prestige comenzase a diluir su carga en el mar. Cuando la ría olía a gasolina era ya muy tarde. Reaccionaron primero los marineros de Combarro, el mismo día en que el petrolero se fue a pique, tras una semana de rumbo errático frente a la costa. Ante la falta de medios comenzaron a tejer una red con la que pretendían cerrar el paso a la contaminación. Ayer, en la explanada del puerto no había ni rastro de los cuatro kilómetros de cabos, boyas y mallas que se extendieron de lado a lado de la ría. Turismo En A Lanzada, que amaneció teñida de chapapote en la primera quincena de diciembre, hay una mancha en una roca que ayer fotografiaba un turista. El testimonio del paso del chapapote ocupa ahora una superficie de quince por veinte centímetros. Apenas un escupitajo entre los cientos de toneladas que se desembarcaron en Bueu y Portonovo. Ahora este último puerto vive días tranquilos con la mirada puesta en el futuro. La cofradía está redactando el proyecto de lo que será el futuro de las instalaciones pesqueras. Ni rastro del restaurante chapapote, que sirvió tres comidas al día durante toda la crisis. Entre sus clientes estuvo el Príncipe de Asturias. Desde allí, don Felipe partió hacia las islas Ons para comprobar el estado de la zona más afectada por el fuel en la ría. Las rocas del archipiélago se limpian ahora a base de bacterias, la última esperanza para acabar con los efectos que la carga del Prestige provocó también en Pontevedra.