Desde una perspectiva artística, a Juan Fernando De Laiglesia, profesor de la Facultad de Bellas Artes, le llama la atención que en la rehabilitación del Moderno llevada a cabo por el arquitecto portugués Álvaro Siza lo único que se ha conservado tal como estaba son los espejos del viejo Café. «Son los únicos que han visto lo que ha ocurrido en este siglo», comenta. Sin embargo, el autor cree difícil recuperar el espíritu cultural de aquella etapa: «Ahora hay chats, no tertulias, y ya no hay espejos, está la televisión». El profesor dedica su artículo al estudio de los cuadros que ha conservado y restaurado Caixa Galicia. A través de ellos, dice, se puede estudiar la evolución del arte gallego en la primera mitad de siglo, desde su concepción más clásica, con el ejemplo de Monteserín, hasta la renovación auspiciada por Laxeiro. Del primero de estos creadores son las obras que se encuentran en la antigua sala de billar, hoy el vestívulo que separa el salón de actos del café. «Monteserín desarrolla la idea de mujer que empieza a tener protagonismo a principios de siglo XX -explica-. Es el paso de la criada a la secretaria y él refleja muy bien ese ambiente de los años 20». El segundo artista estudiado es Carlos Sobrino, que ofrece en sus cuadros (salón de actos), una concepción más clásica de la figura femenina, según este autor. «Presenta la mujer con una pose ceremonial -señala-. Es curioso que Sobrino y Castelao eran muy amigos, pero tenían una concepción diferente del arte». Discípulo de Sobrino fue Luis Pintos Fonseca, del que se conservan varias obras en el Café. «Él presentó escenografías en las que la figura humana está ausente -explica el autor-. Por eso, cuando las ve Laxeiro en los años 40 concibe su mural El manantial de la vida para llenar ese vacío». De Laiglesia comenta que cuando le pidieron que restaurara el mural en 1973, el pintor decidió hacer uno nuevo. Es así como el Moderno cuenta con estas dos versiones de la obra.