Las librerías pontevedresas se esfuerzan para resistir la competencia de las grandes superficies y las nuevas tecnologías Los «malos tiempos para la lírica» no fueron sólo un lema de la «movida» de los 80. Con el título de esta canción de Golpes Bajos se podría definir el momento que viven muchos libreros gallegos. Los descuentos que las grandes superficies decidieron aplicar a los libros de texto ya han hecho mella en los establecimientos pontevedreses -son cada vez menos los que todavía mantienen este género-, y los empresarios reconocen que miran el futuro con incertidumbre. Con todo, la mayoría quieren ser optimistas. Pero coinciden en que la supervivencia de sus negocios pasará sin duda por la especialización.
23 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.«¿Que si estamos en crisis? A mí cada vez me va mejor. Pero lo que sí está cambiando es el mercado. Yo no trabajo como hace treinta años lo hacían mis padres, ni siquiera como lo hacían hace quince. Y en el futuro no se trabajará como ahora, está claro». Lo dice Ángel Paz, propietario de la Librería Paz en la calle Peregrina. Como él, la mayoría de los establecimientos tradicionales de Pontevedra intenta amoldarse a los nuevos tiempos, una situación que desembocará, según comentan, en una mayor especialización de cada local. Así, Manuel Seijas ha optado ya por el libro infantil, al igual que Viñas, mientras por ejemplo la Librería Paz asume una cuidada colección de cómic y, para el año, piensa en aumentar los títulos dedicados a cine y música. «De todas formas -añade Paz- tampoco podemos vivir sólo de cómic o libro infantil. Y en ello tiene mucho que ver el `pueblo'' donde vivimos. Se trata de potenciar diferentes secciones». Un sector joven La mayoría de las librerías pontevedresas rondan la media de 20 ó 30 años, a excepción de Viñas, que es la más antigua y fue abierta como tal hace 50. Nacieron en un momento en el que el sector gozaba del empujón de los 70 y, a pesar de que algunas llegaron a desaparecer en este periplo -Paredes, Portela, Pondal-, su crisis fue anterior a la aparición de grandes superficies y debida a diferentes circunstancias. Pero ahora es inevitable hablar de incertidumbre. Para Jaime Corral, el presidente de la Federación de Libreiros de Galicia, la actual situación es de impasse. «No podemos hablar de un ocaso, pero la verdad, la perspectiva no es halagüeña -indica-. En cinco años sabremos qué va a pasar y podremos ver el impacto que el tema de los libros de texto ha tenido para las pequeñas librerías». Éste es sin duda el daño que las grandes áreas han causado al sector, al menos, de momento. Por lo que se refiere al género literario, el panorama es bien distinto, ya que estos centros tan sólo trabajan bestsellers o novedades, que no suponen una competencia clara. «Tiene que haber un debate sobre la reorganización de los fondos -añade Corral-. Y es que caminamos hacia la especialización o a la vuelta de la librería de fondo, tipo Michelena, en la que el cliente puede encontrar de todo. Claro que requiere una inversión que no todo el mundo puede afrontar». Más problemas: el nivel editorial se ha disparado de tal manera que «no hay Dios que lo aguante», añade Paz y corrobora José María Seoane. «Los porcentajes de edición y de lectura no cuadran».