Ana María Otero, maestra: «La burocracia en la educación se ha convertido en un lastre horroroso»
O PEREIRO DE AGUIAR
La ourensana acaba de jubilarse tras 38 años enseñando en el Guillelme Brown
21 dic 2025 . Actualizado a las 21:49 h.Ana María Otero Fernández (Ourense, 1960) acaba de jubilarse tras 38 años de trayectoria docente en el colegio Guillelme Brown en O Pereiro de Aguiar, un centro al que llegó cuando apenas era un proyecto y en el que desarrolló toda su vida profesional como maestra. Su despedida de las aulas pone fin a una etapa marcada por la implicación personal, el trabajo colectivo y una manera muy concreta de entender la educación.
Hija de Manuel, carpintero, y de Gloria, trabajadora del Concello en el servicio de limpieza, Ana creció en As Eiroás, en una casa unifamiliar situada junto al pazo. Allí disfrutó de una infancia que recuerda como muy libre, vinculada al barrio y a la vida en la calle. Asistió a una escuela unitaria hasta los diez años y pasó gran parte del tiempo jugando con otros niños, aprendiendo a andar en bicicleta y compartiendo actividades entre distintas edades. «Éramos chavales de barrio, estábamos todo el día fuera», recuerda de aquellos años.
Cursó el bachillerato en el instituto Concepción Arenal, donde estudió durante siete años. El cambio de ritmo fue importante, aunque las vacaciones seguían siendo un espacio de encuentro con grandes pandillas de amigos en el barrio. Tras esa etapa, estudió Magisterio e incluso llegó a iniciar una adaptación a Biología, pero finalmente su camino profesional quedó ligado al Guillelme Brown, al que se incorporó desde sus inicios.
El proyecto del centro nació de un grupo de estudiantes de Magisterio que querían poner en marcha un colegio de EGB hasta octavo, organizado por especialidades. Ana se sumó con 25 años, cuando aún estaba en fase de creación. Cuando tenía 27 ya estaba en funcionamiento. «No éramos conscientes de las dificultades. Creo que ahora, con la mentalidad de cierta edad y de ver todos los problemas, te da pereza; pero cuando eres joven tienes ganas de empezar proyectos», explica, en referencia a unos comienzos marcados por la falta de recursos económicos, muchas horas de trabajo y el apoyo de las familias. Durante años no cobraron salario y aportaron dinero propio, impulsados por la convicción en el proyecto educativo, que hoy es un referente en la provincia. «Recuerdo mucho trabajo, a lo mejor ibas a casa a las doce de la noche, pero era tanta la ilusión, la fuerza, la energía y creer en lo que hacíamos que, bueno, para mí fue vital, fue mi motor de vida», subraya.
A lo largo de su carrera enseñó en el ámbito de las ciencias, impartiendo clases en Primaria y, posteriormente, en el primer ciclo de la ESO, con materias como Matemáticas, Biología, Física y Química. Defiende que la especialización permitió al profesorado formarse a fondo y conocer mejor al alumnado en edades clave. «Daba clase desde los diez años y no solo te formas en contenidos, sino en conocer a cada alumno: sabes cómo son y te adaptas a ellos», señala. Además, añade: «Al maestro hay que formarlo bien, ser consciente de lo que le pasa y de cómo puede trabajar».
Ana Otero reconoce que los cambios legislativos y el aumento del papeleo y de las formalidades han marcado la educación en los últimos años, restando tiempo a la preparación de las clases y a la creatividad docente. «Los profesores dedican mucho tiempo a la burocracia y no queda para preparar las clases. Eso es tremendo. Las leyes han ido cambiando y en la educación se ha convertido en un lastre horroroso. A menudo se nos dice que hay que controlar todo y que debemos buscar otros cauces, pero esto acaba poniendo un tapón a la creatividad. Es solo mi punto de vista, pero creo que debería haber otra forma de hacer las cosas, otras maneras de enseñar», explica.
La profesora ourensana señala que, en ocasiones, los docentes dejan de hacer determinadas actividades por comodidad y otras porque se encuentran con muros. Denuncia algunos casos de falta de respeto hacia el profesorado, tanto por parte del alumnado como de las familias. «Hay que formarlos bien y darles el valor que se merecen», finaliza.
«Todo el mundo puede aprender y tiene capacidad para hacerlo»
La visión educativa de Ana Otero se apoya en la teoría de las inteligencias múltiples y en la convicción de que todos los niños pueden formarse si se les acompaña de manera adecuada. «Todo el mundo quiere y puede aprender y tiene capacidad para hacerlo; solo hay que abrir una pequeña ventana y lograr que aprender sea divertido», explica. Se preocupa especialmente por la lectura comprensiva: «Si un niño no entiende lo que lee, ¿cómo le va a gustar? Queremos facilitarlo tanto que los privamos de disfrutar. Yo he visto a muchos niños machacados que han dejado de estudiar porque el sistema era malo. Para mí, lo más satisfactorio es saber que, de alguna manera, contribuyes a que aprendan, porque todos pueden: algunos más rápido y otros más lento, pero todos», subraya.
Tras su jubilación, afronta una nueva etapa centrada en el día a día, el cuidado personal y las amistades. Después de casi cuatro décadas dedicadas a la enseñanza, asegura que ahora le apetece caminar despacio y disfrutar del tiempo con la gente, cerrando así una trayectoria inseparable de la historia del Guillelme Brown.