«Los viernes llego demasiado cansado»

En Ourense hay escolares que ocupan dos horas del día en viajar desde su casa al instituto y regresar


OURENSE

¿Qué puede hacer usted en dos horas? Ver una película, comer y echarse la siesta, estudiar para un examen, ir al médico... Pues hay un joven ourensano, Iván Arias, que todos los días ocupa este tiempo en ir y volver de su casa al instituto de Celanova. Junto a él, otra veintena de estudiantes cogen cada día el autobús escolar compartido -este año por primera vez- para poder llegar al centro de referencia.

Iván estudia primer curso de Bachillerato y vive en Parbón de Sande, en el concello de Cartelle. A las 6.45 horas, dos horas antes de que empiecen las clases, se levanta. Y casi adormilado sube al autobús que diariamente conduce Antonio Aira. Dieciséis paradas después llega a su destino. Por el camino han ido recogiendo a otros estudiantes, entre ellos al propio hijo del conductor, que también utiliza este transporte. El viaje del vuelta es similar. Aunque en este caso puede más el hambre que el cansancio. Tanto, que a veces Antonio se hace el sueco y, aunque está prohibido comer dentro del autobús, permite alguna que otra degustación. No en vano, Iván llega a su casa a las 15.30 horas. Este es el primer año que el transporte es compartido y, según apunta la cuidadora que acompaña a los escolares, no hay muchos pasajeros que se unan a la ruta junto a ellos. A no ser que sea día de feria en Celanova. Entonces el numero de viajeros aumenta, con el considerable retraso por las subidas y bajadas del autobús.

Los vecinos deben adaptarse a las dieciséis paradas estipuladas. Excepto el lunes. Según explica Iván Arias ese día el autobús se desvía hasta la localidad de A Manchica (a varios kilómetros) para dejar a los pasajeros que deben coger el transporte que engancha con la capital ourensana. Son quince minutos más que cualquier otro día. Y eso se nota.

El viaje se hace largo. Aunque la mayor parte del trayecto sea por buena carretera, hay tramos muy estrechos y con firme irregular. Y a algunos escolares les toca andar por el arcén unos metros, antes de llegar a sus casas. Pero están más que acostumbrados. Es viernes y son las 14.35 horas. Los escolares van llegando a la parada. Durante los primeros veinte minutos todo son risas. Los jóvenes hablan entre sí, escuchan música o juegan con el móvil. A partir de ese momento y, poco a poco, el silencio se apodera del transporte. Iván Arias va despidieron a todos sus amigos, parada a parada, hasta que se queda solo en el autobús.

Van bajando a cuenta gotas en cada destino. Como mucho tres. Entonces, cuando solo queda él, echa para atrás el asiento. Le queda poco para llegar a casa pero las horas ya le pesan. «Los viernes llego demasiado cansado», afirma. Explica que le resulta imposible estudiar mientras va en el autobús, para aprovechar el tiempo. «No puedo, porque para cada poco tiempo, sube y baja gente... A veces cuando voy un poco apurado lo intento, pero no suelo hacerlo», explica.

Cuando llega a casa come algo y descansa un poco. Y sobre las 18.30 horas empieza a estudiar. Una tarea que le lleva hasta las 21.00 horas, momento en el que cena y ya piensa en acostarse. Para Iván las actividades extraescolares o los deportes son una quimera, por lo menos en el curso escolar y durante la semana.

«Los lunes también tengo clase por la tarde y cuando llego a casa ya es de noche», dice. Y poco más tiempo le queda entonces que para cenar y acostarse pronto, ya que a Iván sí le toca madrugar todos los días «Me suelo ir a la cama sobre las diez de la noche. Me hace falta porque si no, no descanso», afirma. Aunque el instituto de Ribadavia le queda más cerca que el de Celanova de su casa, esta no es una opción. No es el de referencia, no tiene transporte y, lo que más le importa a Iván, supondría tener que cambiar por completo de amigos. Con resignación y cansancio se despide.

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