«Hacer un tatuaje es un gran compromiso, por eso analizo la idea del cliente, sobre todo cuando es algo arriesgado»
OURENSE
El tatuador venezolano Ángel Salazar pintaba cuatros y grafitis en su Venezuela natal y ahora trabaja en su propio estudio de Ourense con otros dos compañeros
02 sep 2025 . Actualizado a las 19:41 h.Del arte callejero en Venezuela hasta la piel de sus clientes en Ourense, Ángel Salazar ha recorrido un camino tan inesperado como auténtico. Con 26 años y seis de experiencia en el tatuaje, este joven artista inauguró en octubre del 2024 su propio estudio en Ourense: Inkspire Tattoo, un espacio que, según él, nació casi por accidente, pero que refleja hoy una filosofía abierta, inclusiva y profundamente comprometida con el oficio.
«Fue algo que nunca en vida me imaginé», confiesa Salazar. «Antes de emigrar a España, en Venezuela, solía pintar grafitis y cuadros. Le fui tomando gusto al oficio hasta que me decidí por aprender. Una cosa llevó a la otra, pero nunca lo tuve en mente, surgió solo», explica.
Inkspire Tattoo no es un estudio más. Salazar lo dirige junto a dos compañeros: uno especializado en estilo tradicional americano, y otra en línea fina. Él, por su parte, se ha enfocado en el realismo a color, un estilo exigente que requiere no solo técnica, sino sensibilidad.
«Respecto al diseño, estamos muy abiertos a cualquier idea. Hay muchos estudios donde no te hacen tatuajes que se salgan del diseño tradicional americano. Otros muchos tampoco los hacen a color o a línea fina. En nuestro estudio trabajamos todos los estilos», explica.
La clientela es variada, y también lo es la demanda. «Diría que lo más demandado son los tatuajes pequeños; diseños que llevan artistas y que quieren replicar», comenta. En esos casos, el proceso creativo varía: «Cuando es un tatuaje pequeño, la persona ya trae la idea como tal. Pero cuando son dentro de nuestro campo lo hacemos y diseñamos todo nosotros».
Pero no todo vale. Para Salazar, tatuar es una responsabilidad, y se toma el tiempo necesario para entender la motivación de cada cliente. «Cuando viene alguien y me pide un tatuaje siempre le pregunto por qué se lo quiere hacer. Si responde ‘porque me gusta’, ya no se lo hago, porque sé que con el tiempo se va a arrepentir. Es un gran compromiso, así que trato de analizar la idea, sobre todo cuando es algo arriesgado», explica con firmeza.
En ese mismo sentido, lanza una advertencia a los más jóvenes: «A una persona que se quiere tatuar por primera vez le diría que esperara a cumplir la mayoría de edad. No tanto por el permiso de tus padres o por lo que te puedan decir, sino porque a partir de cierta edad tiendes a ver el mundo de distinta forma. A lo mejor con 15 años quieres hacerte un dragón, pero resulta que a los 25 quieres tatuarte un paisaje o escena concreta. Es algo que te va a durar para toda la vida».
Inkspire Tattoo se presenta así como algo más que un estudio de tatuajes. Es un espacio de diálogo artístico, donde cada trazo lleva consigo una historia, una emoción o una memoria. Para Ángel Salazar, no se trata solo de tatuar, sino de acompañar un proceso profundamente humano. Y en cada tinta, dejar una parte de sí mismo.