La odisea de comer en los polígonos de Ourense: táper en la puerta y mucho bocadillo

Los restaurantes de menús del día pierden la mayoría de la clientela. «El cierre debería ser a partir de las seis de la tarde», aseguran


ourense / la voz

El impacto de las nuevas restricciones de la Xunta se dejaron sentir con toda nitidez en el primer día laborable a la hora de comer en el corazón industrial de la provincia de Ourense. El habitual hervidero de trabajadores que acudía a los restaurantes con menú del día de San Cibrao o Pereiro de Aguiar se convirtió en un goteo de clientes ávidos de un táper o un bocadillo que llevarse para comer en las instalaciones de su empresa, en su propio coche o, en el mejor de los casos, en su domicilio.

El Hotel Restaurante San Cibrao es uno de esos locales que tienen en los empleados de las áreas industriales a sus principales clientes durante la semana. Sirven una media de un centenar de menús al día, además de platos combinados y bocadillos. Este lunes los comedores estaban cerrados a cal y canto y un letrero avisaba en la puerta de las nuevas reglas del juego. Solo se atenderían pedidos para llevar y se recomendaba a la clientela reservar por teléfono para evitar aglomeraciones o largas esperas. Un par clientes esperan en la puerta su comanda, al tiempo que Florencio Santos, responsable del establecimiento, lamenta las restricciones. «Lo veo muy exagerado. Entendemos que hay que luchar contra el virus y todos tenemos que protegernos, pero hay otras opciones. Por ejemplo, en Andalucía el cierre es a partir de las seis de la tarde, lo que te permite atender a todos los trabajadores que vienen a comer. Es gente que no acude a tu local por ocio», explica.

En el primer día en que entraron en vigor las medidas asegura que han perdido el 60 % de la clientela. En el hotel la ocupación también cayó en picado. «Está saliendo mucho bocadillo. Los menús los vendemos a diez euros y con alguna opción menos de la habitual», indica.

Al lado del Parque Tecnolóxico de Galicia, el restaurante La Zamorana también sigue abierto. Su nueva gerencia hace mes y medio que cogió el local. Habían logrado en ese período una clientela fiel, que se traducía en unos cuarenta menús diarios. Sobre todo comerciales, explican, que valoraban un menú «cuidado por un precio de diez euros». De esa clientela, una docena reservaron a través del móvil. A lo largo de la mañana, la actividad también se ralentizó pese a la amplia oferta de pinchos calientes para acompañar con el café.

Apenas a cinco kilómetros, en Taboadela, la imagen era completamente distinta. Comedores llenos mostraban en el hostal Conde que, con lo de las restricciones, la alegría va por barrios. «Tenemos algo más de gente», aseguran. El perfil de la clientela son grupos de trabajadores.

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