Sí a la realidad

María Doallo Freire
María Doallo NO SÉ NADA

OURENSE

21 ago 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Negar la realidad es posiblemente la forma más sencilla, y menos efectiva, de crear otra. En principio se supone que para mejorarla, en esencia, el resultado es una distorsión, una utopía, un imaginario. Comentaba hace poco con una amiga que en la vida siempre es más fácil enfrentarse a un pozo real que a un abismo de supuestos. En ese caso nos referíamos a algo tan extremadamente importante como perder a alguien. Desde que llegó, el covid-19 ha provocado que en España casi 30.000 familias se hayan visto inmersas en esta situación. Miles y miles de personas se encuentran en medio de un duelo cruel, de una despedida fría, vil e inconsolable porque alguien a quien amaban ahora está muerto. Lo que les faltaba es que vengan un puñado de ignorantes a los que hemos optado en llamar educadamente «negacionistas», a decirles que todo esto es una invención de... no sé... ¿quizá más propia de las ficciones de David Fincher? ¡A la mierda! Y eso que el propio narrador de El Club de la Lucha llega a la conclusión de que «Al perder la esperanza, hallé la libertad». No hay duda de que a esta gente les falta esperanza, por eso inventan opciones alternativas en las que encontrar sosiego, tranquilidad y seguridad. Lo que no entienden es que la libertad ha de entrar en un marco de coherencia y coexistencia con los que les rodean. Por eso son algo así como el chico que empieza a distanciar los mensajes, los detalles, las caricias y las risas. Las alarga en el tiempo para que sea eso mismo, el colmo de la paciencia y el cansancio, quien hable por él y ponga punto final a lo que existió. La falta de honestidad rompe las relaciones humanas y la falta de amor, como les ocurre a estos que niegan tanto, les hace caer en la máxima estupidez que puede haber.