¿Quién guarda al guardián?


Ydigo yo. ¿Quién guarda al guardián? ¿Quién vigila al vigilante? No son preguntas fáciles de responder y ni siquiera dan muchas ganas de planteárselas. Porque uno puede descubrir, después de cuestionarse, que no hay nada (no hay nadie) al otro lado de los interrogantes.

Le daba vueltas al enterarme de que los guardianes del tiempo de Jácome todavía no se han puesto manos a la obra. Es decir, desde principios de junio, cuando el alcalde dio la idea (y estamos a finales de julio) todavía no han empezado con el cometido encargado: vigilar a los funcionarios para que hagan su trabajo en tiempo y los procesos se cumplan. Qué ironía. El alcalde que quería poner un Pepito Grillo de los suyos a controlar a los trabajadores dice que no podrán hacerlo aún porque está pendiente un cronograma. Es decir, los guardianes llamados a acabar con los retrasos y las demoras que históricamente se le atribuyen a los procesos administrativos llevan dos meses enfangados en eso mismo que quieren desterrar: dedicar demasiado tiempo a algo que debería llevar menos.

Pero mientras escribo es 25 de julio, el día de fiesta de Galicia que se convirtió en día de luto por el accidente de Angrois. Y pienso que, comparado con todo el tiempo que llevan esperando algo de reparación las víctimas, las cosas de Jácome y de sus guardianes me resultan hasta frívolas en la forma, aunque no en el fondo. Porque aquí de lo que se trata es de hacerse preguntas. ¿Quién guarda al guardián? ¿Quién vigila al que vigila?

¿Quién se encarga de que sane la herida de los supervivientes del accidente que nos partió el corazón? ¿Quién se encargar de dar a los fallecidos el homenaje que les falta, el de la justicia?

Las respuestas son descorazonadoras porque Angrois es un trágico ejemplo de que los que tienen que vigilar, muchas veces, no vigilan. Incluso miran hacia otro lado. Es un trágico ejemplo de que quienes deberían haber guardado a los pasajeros de aquel Alvia -es decir, a todos nosotros- no lo han hecho como lo que tenían que hacer. Quizás porque nadie los vigila. O porque se vigilan entre ellos. Así que supongo que nos toca a nosotros.

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