El carnaval del arlequín

La alegría del entroido persiste en la exposición colectiva que la Galería de Arte Visol le dedica cada año


ourense

«Yo no he sido tanto como los personajes que representé en este carnaval literario. Ellos son, pues en buena parte mi biografía». Miguel Delibes.

Como cada año, la veterana galería de arte Visol se tiñe de color y fantasía en honor a la fiesta más representativa de nuestra identidad cultural ourensana. La locura del carnaval, extendida a todas las expresiones artísticas, es el hilo conductor de una gran exposición colectiva en la que los artistas participan de su magia desde sus distintos lenguajes y sensibilidades. Una nutrida muestra de carácter internacional que traslada a través de las obras que presenta la libertad, imaginación y singularidad de nuestro entroido y otros carnavales.

Presiden las sobrecogedoras esculturas de Vidal Souto como un bosque de columnas que dialogan con el espacio de la Visol creado por el arquitecto Fernando Blanco y generando en el espectador la ilusión de adentrarse en una sorprendente sala hipóstila que precede al sancta santorum interior en el que se descubre la novedosa y espléndida muestra colectiva en el ardiente corazón de la galería. Su armazón acristalado desvela más que oculta el contenido multicolor como un universo plagado de símbolos, alegorías, alegrías inocentes o funestas, contradicciones y fantasía que el poder de la creación ha liberado. En este bosque de esculturas sorprenden los bronces de Luis de las Cuevas y Miguel Couto, las presencias infantiles de Lola Catalá y los perfiles acerados de Antonio Souto. Las formas hipertrofiadas de Luis Estévez marcan un dominio absoluto del material por este maestro de la talla. Son sus personajes aislados, amputados, hieráticos y tan magníficamente inquietantes que resuelve con ironía y que sin escapar de cierto existencialismo conjugan primitivismo y modernidad de manera impecable.

Otro maestro del metal, amplio conocedor del lenguaje y materiales de la escultura y de la pintura es el artista Rivada, que presenta dos colosales esculturas en las que muestra su trazo indiscutible en su forma de dibujar el aire con la materia y en el diálogo de texturas metálicas y graníticas y exhibe también una pintura en la que representa al cigarrón, icono de su identidad verinense.

Resulta extraordinaria e insólita la capacidad para intervenir el espacio con una mirada original que revisa la escultura como innovación y contemporaneidad de Gonzalo Eiriz, con sus arquitecturas abstractas y un discurso conceptual que introduce reciclaje y sostenibilidad, movimiento y dinamismo, fluidez y geometría a través de la transparencia de los materiales plásticos superpuestos, los fundidos y en sus torsiones y distorsiones y equilibrios con una espacialidad tendente a lo expresivo. Un uso inteligente del color, la masa y el hueco para una obra en suspensión que remite al Pop por su grafía y lenguaje contemporáneo y a los móviles de Calder en el carácter lúdico, la aparente simplicidad de una obra muy compleja en sus montajes introduciendo -Bury- «la corriente de aire al interior del arte». Abstracciones que proponen a la vez formas reales: germinaciones y flores efervescentes.

Dos magníficos grabados; el uno a la manera negra de Yolanda Carbajales representa a dos cigarrones, con la caligrafía y maestría única de la reconocida maestra del grabado, con idéntica calidad y prestigio el otro, de X. Poldras.

La Galería Visol propuso la acción Sartenarte, proyecto que consistía en la intervención artística de una sartén. A esta original idea se sumaron los artistas. Leandro Sánchez presenta dos magníficas acciones con su inconfundible lenguaje hiperrealista, un delicioso huevo frito y una sartén transformada en paleta de artista. Guisado escenografía en 4 excelentes intervenciones las peripecias de un Playmobil con un desarrollo narrativo sorprendente y cromatismo hipnótico. Ehlaba crea una composición total a través de un original collage y X. Poldras interviene la sartén con un patito de goma como un significativo guiño.

Cabe destacar el colorido y vitalismo de los tocados del carnaval de Río de Janeiro diseñados por el artista Raúl Diníz y un expresivo cuadro de un arlequín biselado con lenguaje cubista que transmite la euforia del carnaval. Eduardo Baamonde pone ritmo y color a una extraordinaria charanga y la mirada única del fotógrafo Plácido Rodríguez capta la vibración de la estela luminosa y cromática de los peliqueiros de Laza. Carina empasta los rostros multicolor del carnaval gallego y Xulio Rodríguez reflexiona sobre el amor y la ternura detrás de la máscara. Entre otros.

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