Apúntame un tanto


La Ribeira Sacra existe incluso desde antes de llamarse así. La singularidad y la belleza de la Ribeira Sacra la tejieron la naturaleza y personas de las que nos separan un buen puñado de siglos. Una de las virtudes de la Ribeira Sacra es que, prácticamente en cualquier rincón, ella es grande y nosotros nos sentimos pequeñitos. Ahora que se la va a jugar para ser Patrimonio de la Humanidad ante la Unesco, parece que la Ribeira Sacra se la han inventado unos pocos en pleno siglo XXI. Fue conocerse la noticia y empezar a escucharse los «Apúntame un tanto» en los pasillos del monasterio de Santo Estevo. Si uno estuviera dispuesto a creérselo, que la Ribeira Sacra tenga tanto valor es gracias a unos señores con corbata que han tenidos muchas reuniones y han escrito muchos papeles. Menos mal que hasta ahí llegamos y que sabemos apreciar la historia (y las historias) que guardan las piedras de sus monasterios, las vistas de vértigo desde sus miradores, el sudor de quienes vendimian en un terreno que los pone a prueba, el rumor del agua que atraviesa el cañón, el crujir de las hojas bajo los pies en cualquier rincón de sus bosques... y hasta el hecho de que no haya cobertura en Santo Estevo para que a los hombres de las corbatas, durante un rato, no haya que escucharlos. Para apuntarse tantos, los que hace cientos de años se fijaron en aquella tierra y los que ahora, a pesar de todo, la siguen manteniendo viva.

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