Envidia, de la sana eso sí, es lo que produce el reciente ascenso del Breogán a todos aquellos que vivimos la inolvidable noche del 2 de junio de 2015 en el Pazo Paco Paz. Habían terminado cinco derbis de alta tensión entre los dos clásicos del baloncesto gallego, convertidos en serie de playoff por una plaza en la ACB. Y culminaban con uno de los triunfos ourensanos más brillantes en su -ya de por sí- exitosa trayectoria deportiva. Después pasó lo que pasó. Que si el canon, que si los avales, que si los créditos. En suma, la constatación de que este COB tiene los pies de barro, por mucho que se quiera obviar su dependencia de las instituciones.
En Lugo, nobleza obliga, parecen tener todo bien atado, pero con la peculiar -y casi cerrada- Liga ACB, nunca se sabe. En solo tres años han cambiado los requisitos para cumplimentar la inscripción, pero se mantiene el de la auditoría que, a la postre, no aceptó a la entidad ourensana como miembro de pleno derecho de la asociación. La cúpula breoganista tiene ahora trabajo por delante.
Casi al mismo tiempo, el plantel cobista se despedía en Barcelona de sus opciones de acceder nuevamente a las eliminatorias por el segundo billete para el cambio de categoría. En apenas unos pocos meses, la ilusión de los aficionados ourensanos mutó en la resignación de proyectos construidos con presupuestos a la baja y con una indefinición que ni da paso por completo a la iniciativa privada, ni rompe el cordón umbilical con las subvenciones. Solo nos queda el recuerdo de aquella noche mágica.