Disfrutando del tren Avant


No es un AVE. Es un Avant; la diferencia entre ambos son cien kilómetros por hora a favor del primero. Fui a Santiago el pasado día 12 a las 14:00 horas. En el vagón número dos, con capacidad para 80 personas, íbamos 16. El precio, bien, con tarjeta de viejo, 10,15 euros. En 18 minutos pasábamos por Lalín y a las 14,36 horas estábamos en destino. Al día siguiente salimos con retraso de cinco minutos y llegamos dos minutos después del horario previsto. El tren, con una capacidad de 280 usuarios, lo ocupábamos quince viajeros.

Las dos azafatas que nos reciben cuando subimos a nuestro vagón, la amabilísima interventora, los maquinistas, la infraestructura de la estación, me hacen sospechar que el negocio va a ser pequeño. El tren es cómodo, con buena calefacción, funcional, sin lujos y el viaje es rapidísimo. Prácticamente no se ve el paisaje pues la el tendido ferroviario discurre entre múltiples túneles y taludes. Sin duda es espectacular la vista desde el viaducto del Puente Ulla. Una pena no ver Galicia, delito de lesa mirada. Como viajamos por el monte, vemos valles maravillosos. En la provincia de Pontevedra se ve como el monte se ha apropiado de los prados: los tiene absolutamente sitiados y sometidos. En la provincia de Ourense, se percibe el deprimente y demoledor paisaje; un páramo hermoso, pero un erial a fin de cuentas. Mi consejo a los ourensanos es que lo utilicen mientras lo haya porque va a durar poco. El agorero no soy yo; son los que lo pusieron.

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