Un guardia civil jubilado de 65 años después de haber pasado media vida entre Galicia, País Vasco y Asturias, me comenta que tanto hablar de fusiones de concellos, se podría iniciar el debate de la fusión de cuarteles. Aplicado al Ribeiro, no entiende ese hombre por qué existe hoy en día un cuartel de la Benemérita en Leiro, a escasos 5 minutos en coche de Ribadavia; ni tampoco que siga abierto el de Cortegada, teniendo en cuenta las carreteras que tenemos actualmente. Agrupando los recursos humanos quedarían al menos entre 7 a 10 guardias liberados de vigilar puertas y ventanas y podían patrullar los pueblos. Cuando se cerró el cuartel de Barbantes o el de Laza tampoco hubo que recurrir a los siete magníficos para combatir la inseguridad ciudadana. Según nuestro amigo, hoy en día para una denuncia no hace falta ni ir al cuartel: se desplaza la patrulla con su portátil, toma nota, firmas digitalmente y a tramitar, al menos para las antiguas generaciones, las nuevas ya tratan el tricornio virtualmente o con el alcoholímetro. Y en el caso de Ribadavia, en 1920, estuvo a punto de irse la Guardia Civil porque con siete efectivos no tenían personal para patrullar, y mantenerlos vigilando puertas y ventanas del cuartel no era lo mas adecuado para al ciudadano.