Juntos pero independientes

OURENSE

Padre e hijo comparten tarea, como neumólogos, en el Complexo Hospitalario de Ourense pero evitan sentar la medicina a la mesa

12 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Uno lleva vaqueros, camisa de cuadritos y zapatillas de aire deportivo; el otro, pantalón de vestir, camisa celeste y corbata. Uno tiene 31 años; el otro, 58. Uno se llama Pedro Marcos; el otro, también. Uno es neumólogo en el Complexo Hospitalario de Ourense; el otro, también.

Pedro Marcos Velázquez nació en Salamanca y mantiene el sentimiento de la antigua región leonesa, lejos del alma castellana. Es el jefe del servicio de Neumoloxía del Chou. Pedro Jorge Marcos Rodríguez nació también en Salamanca pero a los 7 años se instaló en Ourense, la provincia de su madre. Es «un nacido en Salamanca con alma gallega». Hoy, tras estudiar Medicina en Compostela, hacer el MIR en el complejo hospitalario de A Coruña y trabajar allí dos años, es neumólogo en el servicio que dirige su padre, en el Chou.

«Aprobé la oposición en la OPE (oferta pública de empleo) de junio. En A Coruña estaba de maravilla pero con las OPE hay que moverse. Y, ya de moverse, en Ourense hay un servicio bien montado, bien organizado y en el que se trabaja bien. Que tu padre sea el jefe siempre puede dar pie a críticas pero en este caso las cosas son muy claras porque yo llegué tras aprobar la OPE».

«Fue algo no previsto -matiza Pedro Marcos padre-, vino aquí porque no había plaza en A Coruña. Supongo que a él también le creó sensación de incomodidad al principio pero en uno o dos meses desapareció».

Medicina en familia

Trabajar ocho horas juntos cada día es suficiente para que en casa la medicina quede fuera del menú familiar. Y eso que el segundo hijo, José, es farmacéutico y la madre, Raquel, se quedó a pocas asignaturas de acabar Medicina. Era compañera de facultad de Pedro Marcos y la belleza de su provincia natal fue el arrastre para que en 1984 el neumólogo, con consulta propia y plaza por oposición en Salamanca, aceptase incorporarse al hospital de Piñor, que dirigió poco después sustituyendo a López Sendón.

Con ellos aterrizó en Ourense Pedro Jorge Marcos. Respondiendo por separado a la misma pregunta, padre e hijo coinciden en la respuesta. ¿Por qué medicina, por qué neumología? «Siempre me gustó el contacto directo con la gente y el fonendo lo tenías ahí, siempre encima. Me gustaba el aspecto clínico, de cercanía al enfermo», dice Pedro sénior. Y el júnior no difiere al hablar de su vocación: «El hecho de ser algo que conoces en casa puede influir pero también que yo, por mi forma de ser, veía que me podía venir bien, porque me gustaba el contacto con la gente». En realidad, matiza el hijo, «creo que nunca hablamos del tema hasta que escogí la carrera. Tuve dudas entre Salamanca y Santiago pero decidí yo personalmente. La única pregunta que le hice fue dónde hacer la especialidad, una vez que yo había decidido neumología. O sea, que fui poco asesorado». «En casa hay respeto y tolerancia -tercia el padre-; las decisiones cada uno tiene que asumir las suyas».

27 años de cambios

Separados por 27 años, ven la situación de la medicina y la sanidad a través de ese matiz temporal. «En el fondo la medicina no ha cambiado mucho -reflexiona el padre-, siguen siendo el médico y el paciente, pero sí ha cambiado el entorno; ahora el médico es menos paternalista y se preocupa también por el coste económico de los procesos que hace; han cambiado los medios diagnósticos y los tratamientos y los pacientes están mucho más informados y son más exigentes, en el buen sentido», reflexiona el padre.

Pedro hijo no guarda en la memoria recuerdos de la experiencia paterna que le permitan hacer comparaciones pero sí concluye que «ahora se delega mucho más en el paciente, que es el que tiene que tomar decisiones. Ha habido avances y una globalización del conocimiento médico, que antes estaba muy restringido a determinadas personas y centros; ahora, aunque es bueno que haya especialización, los médicos modernos estamos muy al día a través de Internet y del domingo del inglés, que nos permite acceder de inmediato a cualquier tratado».

El acceso a las nuevas tecnologías de la información y a los idiomas son la envidia del padre. Y también su satisfacción: «Estamos muy orgullosos de los chicos porque son buena gente. Gracias, sobre todo, a mi mujer, que hizo sus renuncias para darles una buena educación».