El Corán se hermana con la pantalla

OURENSE

Para ellos el carnaval no es una cosa nueva. En su país de origen, Marruecos, esta celebración también tiene connotaciones ancestrales, utilizando pieles de animales para disfrazarse en la misma época del año. Ahmed Fathallah, patriarca de una familia asentada en la Limia, desde hace varias décadas, observa el entroido como una costumbre más de la tierra en la que vive y en la que ha criado a su familia bajo las normas de su cultura en convivencia con las de la tierra en la que ha echado raíces, Xinzo de Limia.

Unas raíces que además de culturales, son también empresariales, fundando el primer restaurante de comida marroquí de la capital limiana y centro social del casi medio centenar de marroquíes censados que residen en la villa. «Para nosotros el carnaval es una celebración que vemos con buenos ojos y que no está reñida con nuestra religión, ya que el Corán no marca ninguna restricción en este sentido, salvo la de disfrazarnos de mujeres -los hombres- y las mujeres hacerlo de hombres», explica.

Para sus hijos, Youness y Hakin, con edades que oscilan entre los 20 y los 30 años, la situación se repite; «es bonito y nos gusta salir a la calle para ver como la gente se divierte en una fiesta muy bonita y que atrae a personas de tantos lugares de toda Galicia y España», apunta.

El papel de la mujer

Al preguntarles si las mujeres de su cultura tienen alguna restricción a la hora de celebrar el entroido públicamente, su respuesta es negativa. «Las mujeres pueden salir sin ningún inconveniente, además lo hacen con trajes tradicionales».

Una situación que se repite en el caso de los hombres, «vistiendo las túnicas originales de su país natal», cuenta Ahmed. Un dato que se ratifica al exponer que con la llegada del entroido son muchos los compatriotas que llegan a Xinzo invitados a sus casas para disfrutar de esta celebración tan famosa.

En el caso de los hijos nacidos en España y educados en centros públicos de la villa, la integración es todavía mayor. «Mi hija y mi sobrina han participado en talleres para aprender a hacer la pantalla, siendo algo que les gustó mucho y que ahora ha creado en ellas el sentimiento necesario para ponérsela en cualquier día del carnaval», apunta complacientemente mientras toca una pantalla de verdad con el cuidado, respeto y vergüenza de alguien que lo hace por primera vez.