El cura de Ribarteme gana y no hay ataúdes en la procesión: «Es una pena, dentro de poco esto morirá»
AS NEVES
El sacerdote había prohibido los féretros y el único que llevaron los vecinos a la celebración se quedó apoyado contra un muro
30 jul 2026 . Actualizado a las 23:55 h.Un misterioso ataúd sin dueño alimentaba este miércoles a mediodía las esperanzas de los feligreses de ver al menos un ofrecido en la procesión de Santa Marta de Ribarteme, que lleva celebrándose en As Neves desde el siglo XVIII con féretros en honor a la santa. El cadaleito, con la tapa cerrada, permanecía apoyado contra el muro que delimita el recinto de la iglesia, mientras los fieles asistían a la misa grande, previa a la procesión. Sin embargo, cuando la virgen salió del santuario cargada por cuatro parroquianos y envuelta en un inusitado silencio, el ataúd se quedó inmóvil, como a la expectativa, sin que nadie lo moviese. Según algunos vecinos, la caja pertenece a una prometida que mandó a la funeraria que lo subiese por la mañana. Este año, debido al enfrentamiento con el cura, no han desfilado féretros en la procesión, que normalmente llevaban a personas que agradecían a la santa que las hubiese salvado en alguna experiencia cercana a la muerte. Pero la presencia de esa caja de pino demuestra que al menos en parte de la parroquia había ganas.
De hecho, no hubo ataúdes, pero sí hubo prometidos. Cinco personas caminaban tras la imagen con las características mortajas, un tul blanco, casi transparente. Algunos de ellos caminaban descalzos. Ninguno quiso explicar su historia. Según los vecinos, querían hacer la procesión en el interior de un cadaleito, pero el conflicto con el cura se lo impidió. No lo había conseguido el año pasado, cuando había prohibido los féretros pero aun así los vecinos lo desafiaron y portaron uno, vacío y cerrado.
Antes de que la procesión regresase a las lindes que rodean la iglesia, el párroco, Francisco Javier de Ramiro Crespo, abandonó el cortejo y se dirigió a la casa de parroquial. De este modo, esquivó el féretro que permanecía allí apostado, desafiante, desde primera hora. Al ser preguntado por la ausencia de los féretros en la procesión, De Ramiro dijo a La Voz: «Si quiere un cadaleito, lo compra y ya tiene la foto para su reportaje». A continuación, siguió andando camino de la casa parroquial.
La misa grande había llenado la carpa contigua al templo antes de la procesión, aunque en la que en la entrada se divisaba a más visitantes con cámaras que devotos. La curiosa procesión en honor a Santa Marta suele atraer a Ribarteme a medios de comunicación de lo más diverso, pero cada vez faltan más fieles. Hubo mucha menos gente que en los años anteriores. Entre las vendedoras de los puestos sin clientela a la que atender bromeaban con que no merecía la pena cortar la carretera. «Se muere una tradición de siempre», apuntaron varios vecinos.
La cerera Isabel Rey viene desde Brión cada año a vender velas y figuras de cera. Ella representa la cuarta generación de la familia que se dedica al negocio, «como mi bisabuelo, mi abuelo y mi madre», recuerda. Acudió por primera vez la fiesta con sus familiares cuando tenía ocho años y recuerda que bastante antes de que las campanas marcaran las 12.00 para la misa grande «la multitud se extendía por todos lados, ocupaba toda la carretera en ambos sentidos y llegaba hasta el palco de la orquesta». «Yo sigo viniendo todos los años, pero cada año va a peor, y los beneficos no dan para tanto...», explica apenada. Tampoco el encargado de la pulpería parecía ir a hacer su agosto este 29 de julio, a pesar de sus dos grandes carpas.
El incendio entre el cura y parte de los feligreses es evidente. Hay incluso acusaciones de que el sacerdote cambió las cerraduras de la casa parroquial, que es de la Iglesia pero cuya reforma pagó la Asociación de Patronos de Santa Marta de Ribarteme. De manera casi simbólica, en la procesión de este año se produjo otro pequeño incendio, este de verdad, cuando en un depósito de velas detrás de la sacristía la llama de uno de los cirios se extendió a las varas de las otras velas que estaban allí. La rápida actuación de los vecinos impidió que el fuego se extendiese.
Muy apenada, Marta Garrido recordaba uno de los papeles extintos en la procesión, el de los romeros. «Ellos salían cogidos de los brazos y cantaban con todas sus fuerzas canciones de pena tras la virgen entre los cadaleitos». Dice la tradición que eran los ofrecidos que mandaban como mensajeros de sus ruegos a cantores en grupo, formados por dos mujeres y un hombre. «Ya hace años que no se ven, la última que recuerdo era a una señora, pero nadie siguió ya con la tradición», recuerda Marta. Con las canciones de los romeros también tuvo sus más y sus menos el párroco, Francisco Javier de Ramiro Crespo. «No le gustaba que la letra hablase de Santa Marta cuando las vírgenes son todas Marías», explican desde la Asociación de Patronos, la parte del vecindario que aboga por mantener la tradición de la procesión con los ataúdes.
La derrota frente al sacerdote parece casi asumida por los feligreses, aunque pocos se atreven a verbalizarlo en la pequeña parroquia de San José. «No entendemos al cura, esta fiesta tiene más de dos siglos de historia y por el capricho del párroco... no lo entiendo», reconocía Celsa Conde. Natural de la cercana parroquia de Taboexa (As Neves) y residente en Madrid desde niña, todos los veranos vuelve a su tierra. «Cuando era pequeña, no salía uno ni dos, llegaban a salir 12 cadaleitos», asegura. Celsa recuerda la cantidad de autobuses que venían «de todas partes de Galicia». Este año solo hubo dos y uno era el de la banda de música. Por eso, resume: «Es una pena, pero dentro de poco esto irá»