Marta Pérez Pereira trabaja desde hace un año en el laboratorio de Gary Steinberg en Stanford, uno de los neurocirujanos más prestigiosos del mundo
04 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Es ourensana y tiene 29 años. Marta Pérez Pereira trabaja en la actualidad gracias a una beca con un grupo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, en California (EE.UU.), que emplean células madre con éxito en ratas para repoblar regiones del cerebro dañadas por apoplejías, de la mano del conocido neurocirujano, Gary Steinberg. El 1 de diciembre del 2007 comenzó esta aventura de posdoctorado.
-Tras estudiar en Ourense decide hacer Farmacia en Madrid y después el gran salto. ¿Cómo sucedió todo?
-Estudié en Ourense en el colegio Belén hasta 5 de EGB, el mejor colegio para mí. Después estudié en las Franciscanas y en el instituto de las Lagunas. Cuando se me planteó la idea de estudiar una carrera no lo tenía muy claro. Al final me decidí por Farmacia. Mi idea era hacer bioquímica, como es una carrera de segundo ciclo tenía que hacer antes otra carrera y lo que más se ajustaba era Farmacia. Orienté la carrera hacia la química orgánica y a trabajar en ese departamento con la idea de quedarme a hacer la tesis. Antes de terminar, casi por azar, fui a dar a un laboratorio en la Universidad Complutense de Madrid, que trabajaba en infartos cerebrales.
-¿A qué se refiere con «casi por azar»?
-Estaba haciendo un trabajo para una asignatura que se llamaba Bases moleculares de la farmacología . Me parecía una asignatura muy bonita. Empecé a trabajar con una proteína que se llama receptor de glutamato y encontré un recorte que me pasó mi madre de un periódico en el que veo que los investigadores de la Complutense están estudiando en ese tema. Me acerque allí para saber qué estaban haciendo y a partir de ahí me pongo en contacto con ellos y empiezo la tesis. Es cuando empiezo a trabajar con animales. Fue el gran cambio. Pasar de trabajar en un laboratorio con líquidos y polvos a trabajar con seres vivos, cambia mucho. Aunque me lo tuve que replantear un par de veces antes de decidirme. No es una cuestión ética porque estoy a favor de utilizar a animales para la investigación siempre y cuando exista un control de lo que se puede hacer. Pero no es fácil porque trabajas con un animal durante cuatro meses y aunque sean ratas... Te acercas allí y ves hasta que se alegran cuando te ven.
-¿Cómo surge la oportunidad de viajar a Stanford para trabajar con Gary Steinberg?
-Es muy curioso pensar cómo ha surgido todo. Estaba con una gripe tremenda, metida en la cama. Decidí escribir un email a uno de los neurocirujanos más importantes a nivel mundial, Gary Steinberg, preguntándole si podía ir a trabajar a su laboratorio. Directamente. Al cabo de un par de horas me responde y me dice que en cuanto me den una beca me puedo ir con él.
-Y en diciembre del 2007 llega a Stanford. ¿Cómo es el laboratorio?
-En el laboratorio somos 20 personas más o menos, porque va cambiando. El laboratorio está muy bien organizado. Tenemos a un jefe que es Gary Steinberg, que de lunes a jueves los dedica a la cirugía y el viernes a la docencia. Me reúno con él una vez cada dos meses para enseñarle datos y datos. El te dice si le parece bien o no.
-¿Cuál es su trabajo?
-Desde que empecé en la tesis trabajo en ictus, en el infarto cerebral que es una de las primeras causas de muertes en el mundo occidental y si no es causa de invalidez total. Este es uno de los mayores problemas. En el momento en el que te quedas incapacitado el sufrimiento se prolonga e incluso hay gente que ya estudia el peso social y económico que tiene el ictus, porque todos conocemos a alguien que tiene un familiar con algo parecido. Es un trastorno para la propia persona como para la gente de alrededor.
-Le queda un año de beca, ¿cómo se plantea el regreso?
-En el fondo me gustaría volver a España, más que nada por el gran ritmo de trabajo que existe en Estados Unidos. Hay que encontrar el equilibrio. Quizás volver en el terreno profesional sería un paso atrás. Siempre digo que los españoles somos el MacGiver de la ciencia. En lugar de comprar un frasco para poner tus tubos y dejar todo preparado aprovechas el bote de mermelada que terminaste por la mañana. Somos capaces de hacer lo mismo con menos dinero. Hay grupos en España que hacen cosas muy buenas pero con menos potencial económico.