«Es una pena que casi todas las instituciones se hayan olvidado ya de quién fue mi padre»

Antonio Nespereira

OURENSE

La hija de Sebastián Martínez-Risco, que fue jurista y presidió la Academia de la Lengua, le recuerda en el día de su homenaje

21 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El nombre de pila distingue a las personas, sus apellidos revelan su linaje. ¿A qué les suena Martínez-Risco? Efectivamente, una divisa labrada en los más variados ámbitos, sobre todo el cultural. La villa de Celanova honra hoy a don Sebastián Martínez-Risco (1899-1977) y su hija vive con emoción la jornada. Remedios, hoy con 77 años envidiablemente bien llevados -«hago gimnasia todos los días desde hace más de veinte años»-, considera de justicia el recordatorio pero siente «pena de que casi todas las instituciones se hayan olvidado ya de mi padre». De hecho, en A Coruña tiene una calle, pero en el callejero de Ourense, capital en la que vino al mundo, solo hay una referencia genérica a «Irmáns Martínez Risco».

Pese a todo, le ha tenido presente la Irmandade Xurídica Galega que tributa un cálido recuerdo a quien fue, además de abogado y magistrado, presidente de la Real Academia Galega desde 1960 hasta su muerte, así como autor de numerosos ensayos sobre el Derecho gallego y un decidido partidario de la utilización de la lengua gallega, no en vano a él se le debe la institución del Día das Letras Galegas.

Sebastián Martínez-Risco nació en Ourense, en la antigua calle de Alba -hoy Cardenal Quiroga- cuando expiraba el siglo XIX y su hija Remedios tiene fresco en su memoria el «gran amor a Galicia, de la que nunca quiso marcharse a pesar de que tuvo muchas posibilidades de ir a otras comunidades». Le ve hoy como «una persona con unos valores muy fuertes en justicia, integridad y nobleza».

Decide fotografiarse en O Posío, al lado de la estatua de Valentín Lamas Carbajal, porque recuerda que una de las últimas veces que padre e hija estuvieron juntos en Ourense «fue precisamente en este lugar». De ahí que sea uno de sus rincones favoritos. De su progenitor destaca «su locura por Galicia, porque era un galleguista nato, la pasión por nuestra cultura y por exigir el respeto a los gallegos».

Diccionario

De ahí que don Sebastián, ya en la Academia, evidenciase su malestar por algunas acepciones peyorativas que por entonces todavía se asociaban oficialmente a los habitantes de esta tierra. Remedios lo narra así: «A él le molestaba mucho que en el diccionario español todavía estuviese la palabra gallego asociada al significado de mozo de cuerda», de ahí que en 1959 solicitase formalmente su retirara.

Son pequeñas pinceladas que traza Remedios ponderando la figura de su padre, salpicando a salto de mata montones de recuerdos y anécdotas de alguien de prolija personalidad. Sebastián cursó estudios en Ourense, inició la carrera de Derecho en Santiago, la continuó en Zaragoza y la terminó en Madrid. Ganó las oposiciones de magistrado y recala en O Barco de Valdeorras como juez de instrucción en 1932, pero también anduvo por Puebla de Sanabria.

«Él nos contaba que el pueblo entero salió a la calle para pedir que no se fuera porque decían que había sido el juez más justo que habían tenido nunca», recuerda Remedios.

Esos valores de justicia y de respeto a los demás se los transmitió a sus cuatro hijos, «porque siempre nos hablaba de ellos y nos animó siempre a que estudiásemos, a que creciésemos como personas o a que estudiásemos una carrera». Era una persona familiar, de profundos vínculos afectivos y enlazado a personajes de la cultura de la época, «como el tío Marcelo», que así le llama hoy Remedios a Marcelo Macías o «el primo Vicentiño», refiriéndose a Vivente Risco, efectivamente primo carnal de Sebastián.

Remedios trae a la memoria «cuando íbamos a comer en familia y el primo Vicentiño nos demostraba lo habilidoso que era porque con la miga del pan amasaba figuritas preciosas como ardillas, elefantes que, por cierto, aún conservo en mi casa». Alguna de esas esculturillas eran grises o negras «porque las tiznaba con la ceniza de la colilla del cigarro que siempre fumaba mientras comía».

Complicaciones

Pero la vida de Sebastián Martínez-Risco no fue fácil. Se le miró con lupa durante el régimen de Franco, aunque no hasta el punto de pensar en un exilio. Su hija alude también a la pesadilla que partió España en dos en 1936, la Guerra Civil, «que vivió con una gran pesadumbre y militarizado como juez en Valencia».

Su compromiso político con las ideas progresistas le llevó, ya muy mermado de fuerzas y a las puertas de su muerte a promover en su despacho de A Coruña «la creación del PSG» y a formar parte de Candidatura Democrática Galega al Senado en 1977 cuando se celebraron las primeras elecciones libres después de la dictadura. «Estaba ya muy mayor, muy enfermo, pero trabajó mucho, con mucha ilusión, aunque no tuvo los votos suficientes para salir elegido».

Son las evocaciones de su hija, agradecida al legado de su padre -«¿qué puedo decir de él más que cosas buenas?»-, una persona que también ama Ourense, «una ciudad alegre y con mucha vida, ¿no crees?»