El 25% de los alumnos del centro de formación ourensano son inmigrantes
19 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.ourense | Es verano, pero en el Centro de Formación y Cultura de Hostelería de Ourense no se descansa. Si bien el ritmo es un poquito más relajado, coincidiendo con el puente de la Asunción, los demás días apenas se distinguen del resto del año. Salvo por el calor, claro. El de los fogones y el ambiental. No es momento sin embargo de dormirse en los laureles, ya que al curso apenas le quedan tres meses y ésta es ya la recta final.
El objetivo no es otro que formarse de manera completa como cocineros o camareros y jefes de sala. Una meta que persiguen, en estos momentos, sesenta y cinco personas. El requisito que se les pidió para entrar en este curso de formación ocupacional fue disponer de estudios básicos y estar dados de alta en el INEM. Ahora, a pocos meses ya de alcanzar lo que buscaban, es hora de hacer balance.
El futuro de la hostelería
Entre los que hacen repaso, están los miembros de un colectivo que, si hace unos años era anecdótico, hoy constituye el 25% de los matriculados en el centro. Se trata de los alumnos que proceden del extranjero. Los inmigrantes, para muchos el futuro de la hostelería en nuestro país, luchan por hacerse un hueco en el duro mercado laboral empezando por la formación. Una preparación integral, según explica Constantino Iglesias, director del centro de formación, en la que no faltan aspectos como los idiomas, el protocolo o la informática. Todo para estar a la altura en un sector en el que cada vez se demandan más profesionales reales que estén a la altura de lo que el cliente pide.
Integración
«Ni discriminación negativa, por supuesto, ni tampoco positiva». Según Constantino Iglesias, ésta es la clave de la normalidad que se respira en el centro.
Madalena de Lima, una de las estudiantes de cocina que llegó a Ourense desde Brasil, asegura que se sintió sorprendida por lo fácil que le fue integrarse en una comunidad educativa en la que, desde un principio, se inculcó la idea del respeto mutuo: «Yo pensé que iba a llegar y que no sería bien tratada porque soy de otro país y me sorprendí mucho. Fue todo lo contrario de lo que pensaba. El director, los profesores... todos nos tratan muy bien y aprendo muchas cosas».
Entre esas cosas que se aprenden están las que de por sí no vienen en ningún libro de texto ni en ningún manual, pero que en el centro consideran que deben saber. Es por eso que para completar su formación y su integración se les facilitan unas nociones básicas del lugar en el que viven, en este caso Ourense y, por extensión, Galicia.
Lo hacen a través de sesiones de lectura de periódicos que culminan con un trabajo semanal. Además, según se indica desde el centro, se suelen celebrar jornadas de intercambio en las que una persona de otro país desarrolla una serie de platos típicos de su lugar de origen. La cocina se complementa con música propia de ese lugar o con cualquier otro elemento que haga partícipes a los demás compañeros de ese país extranjero que están visitando a través de la gastronomía popular.
El mercado laboral
Encontrar trabajo es duro para todas las personas, pero a veces ser de otro país complica un poco más una situación de por sí difícil. Sin embargo, los empresarios del sector hostelero responden bien y, según indicaba Constantino Iglesias, no suele haber problemas. De hecho, algunos de estos alumnos extranjeros ya han recibido ofertas de empleo y alguno compagina las clases con algún trabajo relacionado con este ámbito.
En cuanto al centro de formación, su política con respecto a los alumnos extranjeros es la misma que lleva a cabo con los ourensanos: una vez terminan los estudios, se les pone en contacto con los empresarios que demandan trabajadores al centro. Éstos suelen exigir informes relativos a la preparación de los estudiantes y su seriedad y el centro les facilita la información.
La primera experiencia laboral, una vez han obtenido el título, está en cierta medida tutelada por el centro de formación, pero los límites están claros. Ellos dan garantías sobre el trabajador y también se las dan a éste sobre el empresario. Lo que pase a partir de ahí se rige, como en cualquier ámbito, por las leyes del mercado laboral y por la buena o mala suerte que se pueda tener con un trabajo.
La necesidad de la formación
Algunos de los alumnos saben ya lo que es presentarse a una entrevista para acceder a un puesto para el que se tiene experiencia, pero no titulación. Muchos creen que esta circunstancia es un acento más en su condición de extranjeros, por eso confían en que el curso que desarrollan en el centro les abra las puertas del mercado laboral.
Futuro o no de la hostelería, son parte de una nueva generación de profesionales, la de un sector en constante evolución. Como dice Constantino Iglesias, y su frase es tan frecuente que casi es un lema, «camarero no es sólo el que sirve cafés». Ellos, los alumnos, son la muestra de que su afirmación es, cada vez más, una realidad.