DIAGONAL | O |
21 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.QUÉ cosas. Aparecen los superjefes del superbanco de Santander, y dicen que van a rebajar de forma drástica las supercomisiones que hasta ahora cobraban, de tal modo que los clientes, no sólo los súper, pues bastará con tener la nómina o la pensión, ya no tendrán que pagar por muchos servicios. Es tan supernoticia como en su día lo fueron las supercuentas, la superhipoteca o los fondos supersatisfacción, aunque sea difícil superar a los Stones en lo de la satisfacción, pero esa es otra historia, pura filosofía, que no hace al caso. El asunto es que, en fin, caen las comisiones. O eso dicen. Y si empieza con la rebaja este banco, que es uno de los grandes si no el más, es previsible que otros muchos, bancos y cajas de ahorros, de aquí y de allá, vengan detrás haciendo lo propio. Que esta gran movida tiene su componente publicitaria y de imagen, salta a la vista. Tampoco hace falta ser muy listos para verlo, ¿no? Y mira por donde, en muchas conversaciones se nos han ido colando las comisiones bancarias, el alcance de la decisión de suprimirlas, lo que otros cobran por sus servicios, los porcentajes en las órdenes de venta, las cuotas de renovación, los tantos por cientos, las transferencias, las tarjetas de crédito, los cajeros automáticos y la red propia, los fondos de inversión y la madre del cordero. Sin tiempo para digerir los episodios más recientes de la última batalla político-judicial, es decir, las cosas del secretario del Concello de Ourense y el inquilino del principal despacho de la consistorial, con sus historias de pelotazos urbanísticos y enriquecimiento, las visitas a los juzgados, la prevaricación, las calumnias y las injurias, (yo injurio, tu injurias, él injuria, nosotros injuriamos, vosotros injuriáis y ellos enjurian), se nos aparece en rojo Emilio Botín. Que vamos a acabar con las comisiones, oiga. Vaya lío. Qué risa. Póngame un tinto, haga el favor.