AL MARGEN | O |
12 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.EL ejercicio público tiene sus prebendas, pero también sus servidumbres. Entre ellas, la necesidad de tomar decisiones, muchas de ellas impopulares. La Xunta se felicitó a finales de noviembre por haber conseguido de la comisaria de Política Regional de la Unión Europea el compromiso de invertir 257 millones de euros para financiar las obras del puerto exterior de A Coruña. En medio de generalizados parabienes se vendió una gestión que supone una milagrosa lluvia de dinero sobre la capital herculina. Pasados los gozosos efluvios apareció la letra pequeña. A decir de los socialistas ourensanos, la inversión en la dársena deja sin la pasta necesaria al saneamiento de Ourense. Es decir, las aguas mayores y menores de los habitantes de la capital de As Burgas irán aguas abajo del Miño un año más. La medida, beneficiosa para A Coruña, pero desastrosa para la vieja Auria, no ha gustado al portavoz del PSOE en la capital, Francisco Rodríguez. En su haber hay que situar la valentía de denunciar el hecho y la gallardía de instar a sus correligionarios a corregir el aldraxe . El lider socialista, tibio en muchas fases de su ejercicio público, ha sido valiente esta vez. Arriesga duro porque sabe que en su partido las discrepancias se pueden pagar con el ostracismo. Es mejor hacer una genuflexión y santigüarse al paso de un socialista con coche oficial que exigirle que cumpla con un territorio desfavorecido y con las promesas que hizo a los electores. Por eso el gesto de Paco tiene un notable alcance y evidencia, además, que otros compañeros suyos en los parlamentos de Santiago o Madrid se han acomodado y se quedan en meras correas de transmisión de lo que mandan desde arriba. Esta vez el lider socialista ourensano se ha ganado el respeto público porque la discrepancia le da también credibilidad. Que los suyos lo entiendan y, ¡oh paradojas!, le perdonen.