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20 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.PASABA anteayer casualmente junto a la Catedral cuando oí un repique de sus campanas, que me supo a gloria: la fumata blanca se había elevado ya sobre la Plaza de San Pedro de Roma. Y hace sólo días, en una mesa redonda celebrada el miércoles de la pasada semana por Bande Cultural sobre el tema Juan Pablo II, experto en humanidad , se habló de la presencia de Dios en el mundo encarnada por un Papa que cambió la historia. Pues bien, el nuevo Papa Benedicto XVI nos aportó ya dos claves de su propia misión. Toma nombre de San Benito Abad, Patrono de Europa. Y en su homilía de la Misa para la elección de pontífice puso en guardia al mundo frente a un panorama ideológico de fondo que va «desde el marxismo, al liberalismo, pasando por el libertinaje; del colectivismo, al individualismo radical; del ateísmo, a un vago misticismo religioso; del agnosticismo, al sincretismo». En suma, su campo de acción vendrá definido por «las pautas del Concilio Vaticano II y de la herencia dejada por Juan Pablo II», según declaró ayer en su homilía ante el colegio cardenalicio.