Entrevista | Carlos Costoya PINTOR Y BODEGUERO Dos artes, la del pincel y la de la uva, se funden en una muestra de cuadros firmados por este ourensano que encierra en lienzo los aromas de una decena de caldos
22 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.El ourensano Carlos Costoya dedica su tiempo y sus ganas a dos actividades totalmente distintas, alejadas incluso, que él se ha encargado de fundir en su último proyecto. Arte y vino se dan la mano en una colección de pinturas que de Peñafiel, donde han estado colgadas durante más de un mes, saltará a Madrid y Formentera. Los aromas del vino es el título de la exposición de este artista y bodeguero a partes iguales. -La actividad creativa la lleva desarrollando prácticamente desde siempre. -Así es. Mi primera exposición fue en Madrid en 1992. Después la cosa estuvo ralentizada mientras montaba los negocios del vino y la retomé en el 2001. -¿Y cómo empezó en el sector vitivinícola? -Llevo diez años al frente de Bodegas Costoya que nació, prácticamente, con la denominación de origen. Mi padre tenía unas viñas pequeñas de manera que se le dio forma empresarial a un pequeño germen. -¿Cuál es su producción? -Sacamos al mercado gallego unas 30.000 botellas de mencía joven al año. -Pero además se dedica a la investigación enológica. -Lo realmente interesante de mi actividad en el mundo del vino es Enológica Témera, un proyecto que fundé con un enólogo muy reputado en la Ribera del Duero, Jorge González Granados, en 1998, y en el que en la actualidad colabora también Sergio Sanz. -¿A qué se dedican? -Investigamos el uso de las maderas. Antes de la llegada masiva del roble, la gente hacía los vinos en otro tipo de maderas. Las recuperamos -hoy no hay en el mercado ningún vino envejecido que no sea en barrica de roble- para hacer un crianza de la Ribeira Sacra, para aprovechar las pecualidaridades de la uva y de la denominación, sin eclipsarlas. Elaboramos vinos criados en barricas de acacia, cerezo y roble. Después los juntamos en una especia de coupage de maderas. -¿Qué sale de todo ese proceso? -Es un vino único en el mundo. El resultado espiritual es un vino antiguo y moderno a la vez. Recuperamos una tradición pero utilizando la tecnología. Sería algo así como una vanguardia del retorno con la que hemos conseguido romper, salirnos de lo habitual. -¿En qué mercados se distribuye? -Es de gama alta y se está vendiendo hoy en Madrid, en Valencia, Salamanca y Palencia. También hemos empezado a introducirlo en Dinamarca. -¿Tiene futuro? -Nosotros estamos trabajando con otras cuatro maderas más. Además va a a crear tendencia. De hechos ya sabemos que hay grandes bodegas pidiendo a las tonelerías este tipo de barricas. -¿Cómo valora la situación del sector vitivinícola ourensano? -La cualidad que debe imperar en el mundo del vino es la creatividad. En Galicia, con costes bajos y grandes producciones, no podemos competir. Hay que irse a vinos creativos, originales y distintos. Más ahora, con los nuevos productores: Australia o Sudáfrica colocan en el mercado caldos muy baratos de variedades internacionales. Nosotros tenemos que fomentar nuestras variedades, que no las hay en ningún sitio, y tender hacia otros vinos. Hay que introducir matices porque en este sector, diabluras las justas. No puedes decir voy a hacer un vermú de merenzao o un champán de albariño porque son cursilerías. En Galicia, con cierta lógica y gracias a Dios, todo lo que no entronca con la tradición no funciona. Hay que salirse del camino sin perderlo. -Pintura por un lado, vino por otro. ¿Cómo surge la oportunidad de montar la exposición haciendo catas sobre un lienzo? -Surge por una necesidad de archivo, de memoria. A veces te pones a hablar con un enólogo de un vino concreto y no recuerdas sus aromas. Con los dibujos puedes conservar esa información. Los cuadros no son sino una representación gráfica de aromas. Si huele a melocotón, el cuadro lo haces sobre eso. -¿Se puede saborear un caldo viendo un cuadro? -Bueno, para darle más seriedad y más objetividad formé un grupo de cata olfativa y a partir de ahí le di forma visual a los aromas. Es complicado porque el conjunto tiene que tener, además, belleza estética. La dificultad está en transformar algo olfativo en visual. De todos modos en las inauguraciones de la exposición los visitantes pueden catar los vinos. -¿Con este proyecto caería más de una borrachera? -En la inauguración bebe más la gente que nosotros. A mí no me gusta beber para pintar pero las catas previas a la ejecución de los cuadros sí fueron divertidas y de ellas salieron conclusiones muy originales. -Casi era obligado recurrir al bodegón. -Sí, porque es una tradición muy típica española, desde el barroco. -¿Cómo eligió los vinos? -Hay vinos gallegos (incluidos dos de los míos) y también de Rueda. El eje de la exposición se centró en Valladolid ya que la muestra se pensó para el Museo del Vino de Peñafiel. Los vinos, al fin y al cabo, son efímeros. Normalmente porque te los bebes. Si no, también, porque cambian mucho, tienen un punto de decrepitud y se corrompen. Hay algunos iluminados que los guardan y los dejan estropear, cuando son para beber. -¿Tiene previsto seguir trabajando en este tipo de cuadros? -Lo próximo será una exposición de vinos gallegos.