Entre el objeto y el hombre

JERÓNIMO MARTEL

OURENSE

MIGUEL VILLAR / SANTI M. AMIL

EL ARTE EN OURENSE | O |

09 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Los objetos están acaparando casi la última actualidad artística de nuestra ciudad. En mi anterior comentario sobre el arte en Ourense, me referí a dos exposiciones -la de Xesús Carballido en la planta inferior del Centro Cultural de la Diputación y la de la EST de Arquitectura de A Coruña en el Colegio Oficial de Arquitectos- que hacían del objeto un objeto del arte. Pues bien, la racha sigue y con buena fortuna. Objeto y presencia humana En la planta superior del Centro Cultural de la Diputación y hasta el día 24, se presenta por primera vez en su historia una doble exposición, ensamblada así sin otro motivo que el aprovechamiento maximalista del espacio expositivo. Una muestra, expone pintura; y la otra escultura. José Carlos Fernández Seoane - José Carlos Seoane , en su firma artística- (Ourense, 1967) expone en sus cuadros «una especie de mundo catalogable formado por obxetos que pode captar na súa existencia cotián», como dice el artista Manolo Figueiras en el espléndido catálogo de la exposición conjunta. Son éstos unos cuadros -continúa- «modulados polo tremor abstracto da luz e a vibración cromática dos planos e das manchas». A su vez y en el mismo catálogo, José Gómez Isla sitúa a Seoane entre la abstracción expresionista y el realismo, sin llegar a adscribirlo a una u otro. Por mi parte diré que la pintura aquí analizada concreta un expresionismo gestual básicamente figurativo, de culto al objeto y sin la presencia de la figura humana. Y que el artista, en mi opinión, es un pintor de largo aliento, buena mano y mirada segura, genuinamente original, situado ante un futuro inevitablemente abierto. Jorge Varela (Allariz, 1971) es escultor. Dice Monse Cea: «nas obras de Jorge Varela o corpo humano está sempre presente, funcionando como idea estética en sí mesma, e como xeradora doutras ideas estéticas». Y Antón Ferne añade: «Jorge Varela enróscase sobre sí mesmo, autorretratándose na su obra». Por último, Antón Patiño sentencia: «todas as estratexias da arte posmoderna teñen cabida nas súas experimentacións». Tras su arte hay un denso mundo de referencias culturales implícitas, empapadas por la ironía como método punto menos que socrático. Ojo a las cosas cotidianas En el Ateneo , permanecerá expuesta hasta el día 28 la pintura de Pilar Iglesias (Pontevedra, 1970), que sorprende con la originalidad, la belleza y la frescura de su muestra titulada As cousas da cotidianidade . Hasta ahora, su pintura ha discurido entre los paisajes urbanos y la pintura de objetos -ese género que sustituye de algún modo al clásico del bodegón-. Los veinticinco cuadros de formato grande que expone, recogen obra suya de los tres últimos años y marcan también el paso de la acuarela al acrílico. Son cuadros donde prima el dibujo y en que no aparece la figura humana. Para mí, los ingredientes de esta pintura son el hiperrealismo -en su vertiente norteamericana del realismo fotográfico -, el surrealismo y el Pop-Art. Por algo el literato francés Laubréaumont, precursor del surrealismo, entendía lo bello «como el encuentro fortuito sobre una mesa de operaciones de un paraguas y una máquina de coser». Me refiero, en fin, al Pop-Art a la vista de unos cuadros con imágenes estereotipadas del desarrollo del consumo -aunque sea, como son, por ejemplo, de ropa deportiva o casual-, una picelada poco subrayada, una distribución del color uniforme, un dibujo preciso y claro, una reducida variedad cromática, y, en fin, una perspectiva bastante plana en aras de la cercanía al espectador. El resultado es una pintura sugestiva, alegre, clara y luminosa.