La fiesta del pueblo

OURENSE

04 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

A las cuatro de la tarde ya estaba en Verín, preparada en una de las orillas de la acera para ver de cerca el desfile y, sobre todo, para sentir de cerca el pasar de los cigarrones. Y así fue, una hora entera, de arriba abajo y de abajo arriba se afanaban en hacer de la espera algo más. Menos agresivos que los peliqueiros de Laza, pero igual de impresionantes, los cigarrones se presentaban de todas las estaturas, edades y sexos. Y por fin empezó el desfile. Imaginación, color y mucho, sobre todo mucho humor. Los paseantes y simples mirones, como yo, pudimos sentirnos cerca de la fiesta gracias a todas las personas que desfilaron de cara al público. Haciéndonos partícipes e intentado, sobre todo, que la fiesta no fuera de unos pocos sino de todos. Y mientras los cigarrones proseguían su discurrir de arriba abajo por la calle principal, con cada vez más síntomas de cansancio.Me despedí de Verín y tomé rumbo a Xinzo de Limia. Los coches abarrotaban la entrada, síntoma de que la fiesta estaba asegurada.Y así fue. Se respiraba la alegría antes de llegar a la arteria principal de la localidad. Caras sonrientes me hicieron pensar que debía darme prisa para llegar cuanto antes. La música se oía ya de lejos y de repente cientos de caras pequeñas asomadas en cada uno de los balcones de los edificios viendo plácidamente el desfile. Y en la calle, cientos de personajes, de estampas. No sabía a dónde mirar. Me quedé un rato observando el desfile. La alegría, el colorido y, sobre todo, la gente. Sí, ellos son los verdaderos protagonistas, ellos son los que mantienen la fiesta y ellos son, los vecinos de Verín y Xinzo, los que conservan y dan valor al entroido, gracias a su esfuerzo e ilusión.