En plena crisis municipal el edil de Obras asistió con los «populares» a la comisión de gobierno de ayer No se viven buenos tiempos en el Concello de Ribadavia. La incertidumbre y el silencio hacen peligrar la vida cotidiana en la capital de O Ribeiro que debía estarse volcando en los preparativos del Entroido. Desde la Concejalía de Cultura, Escudero había puesto su empeño en recuperar el esplendor de antaño. Su «desaparición» de la vida municipal desde el jueves abre una duda más al profundo mar que se cierne sobre el gobierno de Pérez Iglesias y, ante todo, sobre el futuro de su mandato.
04 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Los ánimos están revueltos en la capital de O Ribeiro. La herida abierta en la sesión plenaria lejos de cicatrizar parece infectarse por momentos. El regidor y el resto de concejales que le apoyan -los cuatro del PP-, han decidido que el silencio es su mejor bálsamo. Mantienen la misma postura que anunciaron durante el pasado viernes, silencio absoluto hasta que hable el alcalde, pero Iglesias también calla. «No quiere hablar con nadie ni de nada» es la respuesta de las fuentes municipales, cuando se quiere hablar con Pérez Iglesias. No tiene tiempo tampoco. Su despacho fue ayer un auténtico hervidero, reuniones con los ediles populares, hay muchos asuntos pendientes que sacar adelante: entroido, recepción del parque empresarial, inauguración de la estación de autobuses o el inicio de la obra en la Alameda... El primer gran reto de la semana: a última hora del lunes y según el horario de la celebración de las comisiones municipales de gobierno y primer encuentro oficial después del pleno. Escudero sigue missing, Antonio Domínguez fiel a lo dicho, participó en ella, seguirá siendo concejal, apoyará las propuestas beneficiosas para Ribadavia: «Vengan de la oposición o del gobierno».