La fiscal les reprocha falta de seguridad en la caída de una viga en las obras de la A-52 en A Gudiña El gerente de UTE Gudiña, unión de empresas que en su día se encargó de la construcción de un tramo de la A-52, compartirá el próximo mes, con dos ingenieros y dos técnicos de esa misma obra, una acusación por un delito contra los derechos de los trabajadores y otros cuatro de lesiones imprudentes. El ministerio público les imputa un proceder negligente, sin atender las medidas necesarias de vigilancia, con ocasión de un accidente que se produjo en enero de 1997 en A Gudiña al caer una grúa y una viga. Aunque el accidente no había tenido consecuencias mortales, cuatro operaciones sufrieron lesiones muy graves.
27 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La fiscal otorga la misma responsabilidad y pide idénticas penas para los cinco acusados. Juan Ignacio Varona López era gerente único de la UTE Gudiña -formada por las constructoras Auxini SA y Huarte SA-; el ingeniero de caminos Miguel Ángel del Barco Guemes era el jefe de obra; Miguel Bravo Reguengo era el ingeniero jefe de producción de estructuras; Juan Antonio Villar Lapeña era el técnico de medidas de seguridad y, finalmente, Balbino García García era el encargado de la actuación. Todos tenían, según hace notar la acusación pública en su escrito de conclusiones provisionales, el «cometido de adoptar y garantizar las medidas de seguridad exigibles respecto de los obreros que se encontraban trabajando en el tajo». Enero de 1997 El suceso se produjo el día 23 de enero de 1997 cuando se colocaba una pieza prefabricada en uno de los viaductos del trazado, en A Gudiña. Cuatro trabajadores recibieron la orden de subir a una viga de carga para colocar unos apoyos, mientras una máquina retroexcavadora facilitada el desplazamiento de la grúa y otros varios trabajadores se encontraban bajo el radio de acción de la carga. En ese escenario, cuando la viga estaba suspendida a unos 11 metros del sueño, con cuatro cuerdas de retención manejadas por otros tantos operarios, el terreno cedió, la pluma de la grúa giró con la viga suspendida y se desplazó. Grúa y viga se desplomaron entonces. Estima la fiscalía que el accidente se produjo porque la grúa superaba la carga máxima, sobre la viga se encontraba un excesivo número de operarios, el terreno estaba mal compactado y había un desnivel considerable en la superficie de apoyo. De todos modos, según la misma interpretación, fue el afán de agilizar los trabajos, paralizados por las lluvias y nieves anteriores, lo que dio lugar al accidente. Dice la fiscal, además, que el jefe de obra y el técnico de seguridad no llegaron a comparecer en la obra el día del accidente, por lo que mal pudieron comprobar las «deficiencias» con las que se estaban colocando las vigas de carga sobre los pilares, como la falta de medidas necesarias para la utilización correcta de los equipos y el material. La fiscal descarta culpabilidad alguna por parte de los responsables de la empresa propietaria de la grúa y los dos operarios que manejaban el equipo, si bien alguno de ellos también compartirá banquillo imputado por alguno de los otros acusados.