El PSOE resiste, pese a sus líderes

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo EL DERBI

OPINIÓN

Pedro Sánchez, durante una visita al puesto de mando avanzado de Navalcarnero (Madrid).
Pedro Sánchez, durante una visita al puesto de mando avanzado de Navalcarnero (Madrid). Chema Moya | EFE

Sorprende la fortaleza que tiene la marca PSOE. Por más que sus dirigentes se han empeñado en llevarla al desfiladero de la irrelevancia, aguanta en todas las encuestas con más de cien diputados. Es cierto que baja sensiblemente, pero también lo es que a día de hoy el Partido Socialista Obrero Español obtendría más de seis millones de votos. Ya no serían los casi ocho que obtuvo en el 2023, pero seguirían siendo muchísimos los españoles que estarían dispuestos a reeditar su confianza en unas siglas con 147 años de historia.

Es cierto que el Gobierno de coalición ha tomado medidas sociales de cierto calado, pero no va a pasar a la historia por cuestiones como la subida del salario mínimo, el ingreso mínimo vital, las pensiones o el sueldo de los funcionarios. Todas estas medidas, a pesar de su tufo populista y de que no está claro cómo podrán ser sostenidas a futuro, han sido bien acogidas por la gran mayoría de la ciudadanía. Pero todo queda eclipsado por una serie de conflictos y por la forma de abordarlos desde la Moncloa, en especial con la enorme condescendencia que ha mostrado con los independentistas catalanes y vascos, la vergonzosa sumisión ante Marruecos y los casos de corrupción que rodean al partido.

Que una formación tan sólida como el PSOE, tan española como dice su propio nombre, haya sido capaz de poner a todo el país al servicio de unos señores xenófobos que desprecian todo lo que tenga que ver con España y que la única relación que quieren con nuestro país es la de recibir dinero es como para que sus militantes se despidan del puño y la rosa, por lo menos mientras tengan a estos dirigentes.

Pero si nos centramos en la actualidad, y a la espera de que se vayan sustanciando los múltiples casos de corrupción, tenemos Ceuta como el último lugar en el que Pedro Sánchez ha tirado la imagen del PSOE por los suelos. Y no tanto por la inacción, primero, y la incapacidad, después, que ha mostrado el Ejecutivo para acometer esta enorme crisis de la invasión de suelo español por parte de 80.000 personas. El Gobierno en pleno se ha aferrado a sus vacaciones. No es demagogia. Los ministros, como mucho, han renunciado a un día de su descanso, mientras que la población ceutí y los propios migrantes vivían y viven un auténtico infierno. Pero, hay que insistir, lo peor no es no tener planes para arreglar la crisis. Es mucho más grave que no exista una estrategia de acción con Marruecos. Solo Margarita Robles ha dicho con contundencia que Ceuta y Melilla son españolas. Mientras, parece que a Pedro Sánchez si le sacas de la ultraderecha y de Feijoo, se nos queda en un gatito manso que se esconde en su refugio estival de La Mareta. ¿Para qué sirve un líder si cuando llega la hora de ejercer porque vienen mal dadas se achanta?

Lo dicho, qué fuerza tiene la marca PSOE para que, a día de hoy, con todo lo que están haciendo sus élites, todavía haya seis millones de personas capaces de darles algo tan valioso como es su voto.