La Unión Europea atraviesa, quizá, el momento más delicado desde su fundación. Recibe ataques por todos los lados. Trump, a veces, la ningunea, y, a veces, la insulta directamente. China intenta conquistarla sutilmente por la vía económica, y Rusia, si pudiera, la pasaría por las armas. Al mismo tiempo, la ola ultra que recorre el mundo también está haciendo una labor de hormiguita de erosionar el espacio europeo y acabar de una vez por todas con un invento que dio a esta zona del mundo un período de paz y prosperidad que será difícil de mantener en el tiempo.
Pero lo peor está dentro de la propia casa. Atravesamos un momento de europesimismo profundo, en el que estamos comprando la mercancía averiada que nos venden elementos como el propio Trump. Nos estamos creyendo el discurso de aquellos que nos odian o, quizá, de quienes nos temen tanto que solo buscan nuestro desprestigio, primero, y nuestra desaparición, después. Solo en Europa puede darse semejante nivel de autocrítica. Echemos un vistazo a lo que está aconteciendo en Estados Unidos, donde la discrepancia empieza a costar cara a quienes la practican y donde los cimientos de las libertades están tambaleándose por un señor y sus acólitos que utilizan todos los resortes de la democracia contra ella misma.
Y no nos olvidemos ya de las ínfimas cuotas de libertad que existen en lugares del mundo como Irán, Rusia, China...
La UE es un paraíso dentro de un mundo enloquecido. Criticamos que no tenemos capacidad de defensa, que somos un paquidermo burocrático, que nos cuesta un mundo ponernos de acuerdo y que, en definitiva, estamos atrapados en nuestras propias trampas. Pero no debemos olvidar que somos un reducto de libertades sin parangón en el planeta. Somos el enemigo a batir y por algo se producen las tremendas corrientes de migrantes que intentan buscar una vida mejor dentro de nuestras fronteras.
Nos encanta ponernos verdes. Pero, si no nos gusta lo que somos, ¿a quién queremos parecernos? Claro que tenemos problemas, pero el principal de todos hoy en día es la pérdida de autoestima y, sobre todo, de consciencia de lo que tenemos. En Estados Unidos muchas personas enfermas se arruinan porque no tienen como pagar su sanidad e incluso hasta pasan hambre. En Rusia, según donde vivas y la edad que tengas, corres el riesgo de que te alisten y te manden a la guerra de Ucrania. En Irán te pueden matar directamente solo por pasear por la calle. ¿Y las mujeres? Hay partidos políticos que, a tenor de lo que dicen, parece que apuntan a una sociedad europea feminicida. Y nada más lejos de la realidad. Europa es el lugar en el que una mujer mejor puede desarrollarse como persona, con los mismos derechos que los hombres y las mismas oportunidades.
Deberíamos ser menos crueles con nosotros mismos y ponernos las pilas ante los retos que nos rodean. Es mucho lo que tenemos que defender. Un estilo de vida único en un mundo descontrolado y cruel.