Por 6 o 7 euros al mes, Filmin ofrece un nutrido catálogo de cine pre Marvel, series diversas (acaban de colgar, remasterizadas, las seis temporadas de Doctor en Alaska) y documentales de calidad como los tres que les propongo en este artículo, con la mujer como denominador común.
Caras y lugares (2017), dirigida por Agnès Varda, es el recorrido que la pionera de la Nouvelle Vague y el fotógrafo JR (Jean René) —55 años de diferencia— hicieron a lo largo y ancho de Francia. A bordo de una curiosa furgoneta con un fotomatón y una impresora de gran formato, retratan a la gente y pegan las gigantescas instantáneas en fachadas, graneros, silos, vagones de tren, un búnker de la Segunda Guerra Mundial caído en una playa... Fotografían la vida rural y la industrial, la gente trabajadora y anónima, en un proceso artístico basado en el azar y la creatividad. El peculiar humor de la directora de Cleo de 5 a 7 o Kung-fu Máster, que falleció dos años después, impregna toda la película.
Una casa hecha de astillas (Simon Lereng Wilton, 2022) es un duro acercamiento a la realidad de los niños separados de sus madres alcohólicas o drogadictas (a los padres ni se les espera) en un orfanato del este de Ucrania —en Rusia es exactamente lo mismo: se calcula que el vodka mata a uno de cada cuatro varones—. Asistimos al día a día de unos niños que viven en la incertidumbre sobre quién se hará cargo de ellos, puede ser su abuela, una nueva madre de acogida o puede que nadie: se harán mayores en ese centro, pasarán por otros orfanatos o correccionales, y muchos repetirán el esquema de su familia en un círculo vicioso de difícil solución.
Los años de Súper 8, del que ya escribió en La Voz Belén Araujo, muestra los vídeos familiares de la Nobel de Literatura Annie Ernaux entre 1972 y 1981. Captados con un tomavistas, esas cámaras que registraban la imagen pero no el sonido, Ernaux disecciona en un texto en off su matrimonio burgués con dos hijos pequeños, los cambios de vivienda, las celebraciones, las vacaciones en el pueblo o en la nieve, los viajes a países de la órbita socialista (Chile, Albania, la URSS), sus inicios como escritora... Y el progresivo deterioro de una relación que acabará en divorcio: él se quedará con el tomavistas y ella con las cintas.