Una «Star con chips»

Francisco Ríos Álvarez
Francisco Ríos LA MIRADA EN LA LENGUA

OPINIÓN

OSCAR CELA

26 nov 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

No hace mucho se vio por el barrio una furgoneta de una panadería de toda la vida. No está claro si era un vehículo nuevo o el de siempre, pero recién pintado. Donde este lucía un rótulo con el genérico horno aparecía ahora un «Bakery». Un periódico de Madrid acababa de publicar un reportaje según el cual 121 de los 185 comercios de la Gran Vía, la calle más transitada de España, tienen nombres ingleses o usan mensajes en ese idioma sin traducir. Por aquellas fechas alguien nos preguntó cuál es, a nuestro juicio, el mayor peligro para el español. La respuesta surgió espontánea: el inglés. Y no por culpa del inglés ni de los anglohablantes.

Todavía impresionados por la transformación de un horno tradicional en bakery, recibimos la noticia de que el concurso para elegir el mejor pan de Madrid lo ha ganado un obrador artesano en cuya denominación aparece un Bread (‘pan’). Entre sus cinco rivales, un Bakery y un Levain (‘levadura’), amante este del francés.

En Madrid hay decenas de bakeries. En las ciudades gallegas también existen unas cuantas. Se trata, en general, de establecimientos donde se vende pan, bollería, pasteles y tartas, y donde muchas veces es posible sentarse a comer y beber algo. Lo mismito que en otros que cuelgan rótulos de horno, forno, tahona, panadería, pastelería, pastelaría, confitería, dulcería y dozaría, alguna de estas de nombre tan sugerente como Biquiños Doces, que invita a entrar al transeúnte goloso que no tenga vetado el azúcar por su médico.

¿Qué les ha pasado a nuestros bakers para que cambien el rótulo de sus baker’s shops? No han han sufrido un ataque de anglofilia. Ni han alterado la calidad de sus productos. Quizá busquen una imagen nueva para sus negocios. ¿De modernidad? Tras sesenta años de miopía, este amante confeso de la bolla de trigo del país no acierta a verla.

Lo de las panaderías es solo una anécdota en un panorama de creciente renuncia en esto de los nombres de tiendas y empresas a los dos idiomas que se hablan en el país, donde un gran centro comercial nos ofrece «ocio & shopping», donde para hacerse un tatuaje hay que ir a uno de los incontables tattoos y donde importamos un Black Friday hasta sin traducir. Claro que al que quiera tomarse una Estrella le va a costar que lo atiendan si pide una «Star con chips».