Únicos en Europa

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto EL QUID

OPINIÓN

CHRISTIAN BRUNA | EFE

«España es diferente» (Spain is different) es un eslogan que se utiliza desde los años 60 para la promoción turística, dicen que por iniciativa de Manuel Fraga, aunque lo cierto es que mucho antes ya había carteles en blanco y negro que rezaban «España es bonita y ‘diferente'. Visite España». Da igual quién lo inventase, la idea ha calado tan hondo —apoyada posteriormente en exitosas campañas como la del logotipo diseñado por Joan Miró en los años 80— que realmente nos hemos llegado a creer únicos y diferentes.

La realidad, sin embargo, se empeña en superar a la ficción. Veamos. El sol y el calor: este verano hubo localidades situadas dentro del Círculo Polar Ártico, como la siberiana Norilsk o la finlandesa Rovaniemi (residencia oficial de Papá Noel) con temperaturas superiores a las del interior de la provincia de Lugo. La gastronomía: nadie duda de que aquí se come bien y cualquiera que haya viajado un poco sabe que de los Alpes para arriba la cosa se pone bastante chunga... pero nada que no pase en otros países mediterráneos y hace años que la lista de los mejores restaurantes del mundo la encabezan establecimientos italianos o daneses. La fiesta: nuestras parrandas son legendarias —lo acaba de confirmar la alcaldesa de A Coruña para justificar el mes enterito de festejos que se regala la ciudad todos los años—; pero cuando visito localidades del extranjero también veo los pubs hasta la bandera, y eventos como la Oktoberfest de Múnich o el carnaval de Río desmienten que en el resto del mundo sean unos muermos.

Pero amigos, siempre hay una excepción, y resulta que sí tenemos algo propio y específico, tan arraigado y dentro de nuestra idiosincrasia que, si no lo está ya, habría que patentarlo. Algo que nos hace únicos, al menos en el continente. Campeonato de Europa de Atletismo, final de los 110 metros vallas. El navarro Asier Martínez vence en una emocionante carrera que se resuelve por photo finish y una milésima de segundo. Tras recuperar el resuello (tampoco es que lo necesite: el chaval está hecho un toro), el ganador deambula por la línea de meta con su mano derecha sosteniendo un botellín de agua y la izquierda un trapo rojo y amarillo. Parece un poco perdido, no sabe qué hacer, o quizá está preocupado por si el trapo que aprieta con el puño se le desmadra y aparece la bandera de España. Mientras, los dos franceses que ocuparon el segundo y tercer puesto hacen lo que hace cualquier atleta, cualquier deportista: celebrarlo con la enseña nacional tricolor.

Esta aversión a exhibir públicamente uno de los símbolos de tu país, el país en el que has nacido, que te paga la sanidad, la educación —Martínez estudia Políticas, pero no debe saber que en el escudo están las cadenas del Reino de Navarra— y la beca con la que compites nos hace diferentes. No es nueva, ya la mostraron antes otros campeones como Marc Márquez.

Enhorabuena, Asier, a pesar de todo en casa te aplaudimos porque, sientas lo que sientas, y creas lo que creas, eres español.