En el Congreso de los Diputados ya no hay debates, porque todo se resuelve en rifirrafes estériles. Y por eso me permitirán decirles que en el rifirrafe del pasado día 10/11/2021, cuyo plato fuerte era la comparecencia del presidente del Gobierno, para «informar de la cumbre de la UE sobre los Balcanes occidentales, y sobre el Consejo Europeo de los días 21 y 22 de octubre», se registró un minuto de oro en el que Pedro Sánchez, henchido de orgullo, le espetó a Pablo Casado este monumental reproche: «En Europa, donde siempre me preguntan, admirados, cómo lo hacemos, están sorprendidos de las cosas que cuenta usted, señor Casado, cuando va por allí. Y tengo que decirle que eso que dicen que dice, me produce vergüenza ajena». Mucha gente entendió que los europeos están admirados de la magnífica labor de nuestro Gobierno, y que no es entendible que mientras allende los Pirineos tienen a Sánchez por un segundo Pericles, la miserable oposición que nos tocó en suerte se sumerge en los lodos de la ruindad y la obstrucción.
Pero, aunque todo el contexto de la sesión informativa daba a entender que Sánchez no había entendido bien el «cómo lo hacéis», fue la vicepresidenta Calviño la que adelantó las claves para interpretar el autobombo de Sánchez, cuando ese mismo día, hablando de la situación económica de España, adelantó —porque quiso— que un informe de la UE, que iba a publicarse al día siguiente, pincharía el globo del milagro económico español, rebajaría nuestro crecimiento —que, de ser el mayor de Europa, se situaría desde el pasado jueves en el puesto 17—, pondría en duda nuestra capacidad de controlar el déficit, la inflación y la deuda, e informaría al país de que las reformas estructurales aún están al nivel del cero patatero.
Con tales datos y pronósticos, la mayoría de los puñeteros todólogos que poblamos España, empezamos a preguntarnos cómo se puede casar el «cómo lo hacéis», del miércoles, con el pinchazo del globo socialpopulista —«presupuestos sociales y expansivos»— del jueves. Y la respuesta solo puede ser que Sánchez no entendió la pregunta, y que por eso sorprendimos a Calviño, dilapidando su prestigio, para afirmar que el derrumbe de los datos estructurales no afectaría al equilibrio de los presupuestos.
La clave de este vodevil está en que la pregunta de «cómo lo hacéis» no se refería a «cómo gobernáis tan bien», como interpretó Sánchez, sino a «como hicisteis para vacunar contra el covid-19 al 91 % de la población». Se ve que Sánchez no lo entendió, y se subió al efímero globo de su gran inteligencia. Por eso no supo contestar lo que hubiese sido correcto: «El Gobierno no tiene mérito alguno. Porque el éxito se debe a que, cuando se anunció el inicio de la vacunación, casi todos los españoles se pusieron a la cola y facilitaron la labor. Porque, aunque es evidente que no tenemos el mejor Gobierno de Europa, sí tenemos, o eso parece, los mejores ciudadanos». Con eso hubiese quedado como un rey, y yo no tendría que escribir este artículo.